jueves, 13 de septiembre de 2012

Caballeros teutones


 
La Orden de los Caballeros Teutónicos fue una organización de monjes guerreros alemanes que a semejanza de los famosos Caballeros Templarios estaban dedicados a proteger los Santos Lugares de Palestina de los ataques musulmanes.
 Desde su base en el Castillo Montfort los Caballeros Teutónicos combatieron siempre contra el enemigo musulmán con gran valor y disciplina siendo un ejemplo para todos los ejércitos cristianos y un orgullo para el Imperio Alemán. La pérdida definitiva de Tierra Santa en 1291 marcó el declive de la mayoría de Órdenes Militares, al no tener ya una razón de ser ni una tierra que proteger. Sin embargo, los Caballeros Teutónicos lejos de sufrir ese declive vivirán a partir de entonces su máximo apogeo, cambiando toda la historia del Este de Europa.
Los Caballeros Teutónicos se convertirán en los impulsores de la expansión alemana hacía Prusia y los países del Mar Báltico (Estonia, Lituania y Letonia). Esta expansión militar encabezada por la Orden Teutónica dio origen al reino de Prusia y generó los conflictos fronterizos entre Alemania y Polonia, conflictos que solo se resolverían en 1945 tras finalizar la Segunda Guerra Mundial.
Hoy en día la Orden aún existe.





1 – El origen de la orden:

El nacimiento de la Orden de los Caballeros Teutónicos es bastante posterior al de las órdenes de Templarios y Hospitalarios, creadas en la ciudad de Jerusalén poco después de que concluyera exitosamente la Primera Cruzada (1096-1099). Los Caballeros Teutónicos nacen casi un siglo después, al calor de los acontecimientos que dieron lugar a la Tercera Cruzada.
 
La Tercera Cruzada (1190-1192) se organizó en Europa para lanzar una contraofensiva contra el sultán Saladino, el cual, tras una exitosa campaña militar, había conquistado Jerusalén y la mayoría de reinos cristianos establecidos en Tierra Santa tras la Primera Cruzada. A parte de los motivos religiosos que impulsaban a los cristianos a reconquistar Tierra Santa, había también unos importantes intereses comerciales y económicos en juego, así que no es de extrañar que en ésta Tercera Cruzada participaran los reyes de las tres naciones más poderosas de Europa: Ricardo I “Corazón de León” de Inglaterra, Felipe Augusto de Francia y el emperador alemán Federico I Barbarroja. Pese a que el emperador alemán falleció ahogado en los primeros compases de la Cruzada parte de sus ejércitos continuaron participando en la campaña y entre estos contingentes de cruzados alemanes surgirá la Orden de Caballeros Teutónicos.
 
Mientras varios contingentes de cruzados alemanes participaban en el asedio de la estratégica ciudad de Acre, en 1190, un grupo de comerciantes y pequeños nobles alemanes, procedentes de Bremen y Lübeck, crearon un hospital de campaña, dedicado a la virgen María, para atender a sus compatriotas heridos o enfermos. Una vez tomada la ciudad de Acre, y gracias al ferviente apoyo del duque Federico de Suabia, éste hospital de campaña se trasladó a su interior y los monjes que trabajaban en él pudieron así continuar con sus piadosas labores curativas.

En 1192 el papa Celestino III reconoció oficialmente a los monjes alemanes del hospital de Acre y les otorgó la regla de San Juan. Con el beneplácito del Papa y con la llegada de nuevos cruzados alemanes, los monjes aumentaron su influencia por Tierra Santa, hasta que en 1198 la Orden dejó a un lado el cuidado de los peregrinos y sus monjes decidieron empuñar la espada para defender la Fe cristiana. La Orden se convirtió en una Orden Militar que a partir de entonces seguiría la regla y el modelo de organización de los Caballeros Templarios.
 
En febrero de 1199 el Papa Inocencio reconoció oficialmente a la nueva orden militar con el nombre de “Ordo Domus Sanctae Mariae Teutonicorum Hierosolymitanorum”, ”Orden de la Casa de Santa María de los Teutones en Jerusalén” (recordemos que Teutones era el nombre que se daba a los alemanes antiguamente).
En un principio, la orden solo contaba con 40 caballeros, siendo el resto de sus miembros monjes y sargentos (siervos de infantería). De entre estos caballeros, Federico de Suabia y el Rey de Jerusalén eligieron a Heinrich Wallpot von Passenheim como primer maestre de la Orden.

Pese a que murió al año siguiente (1200), Wallpot fue el artífice de los estatutos de la Orden, unos estatutos similares a los de las otras Órdenes Militares, en la que los caballeros se comprometían a respetar los votos de pobreza, castidad y obediencia, ayudar a los necesitados y combatir a los infieles. La única salvedad era que mientras el resto de órdenes aceptaban en sus filas a caballeros de diferentes países, la Orden de Caballeros Teutónicos solo aceptaba en sus filas a ciudadanos alemanes. Una medida tomada para asegurar la lealtad de la Orden al Imperio Alemán (oficialmente: Sacro Imperio Romano Germánico).
 
Por otro lado, solo los alemanes de nobleza comprobada podían convertirse en “caballeros de la Orden”, teniendo que conformarse el resto con ingresar a las filas de los monjes o de los sargentos que se encargaban de servir a los caballeros y combatir en las batallas como soldados de infantería.
Como uniforme la Orden escogió una túnica blanca sobre la que destacaba una gran cruz negra.
 
El segundo maestre de la Orden, Otto von Kerpen, y el tercero; Herman Bart, continuaron la labor de organizar la orden, aunque ambos obtuvieron un éxito limitado, ya que desde sus inicios, la Orden de Caballeros Teutónicos se vio relegada a tener una importancia secundaria en Tierra Santa: no podía rivalizar en dinero o influencia con las poderosas ordenes de los Templarios y los Hospitalarios y carecía de una verdadera autonomía política, ya que seguía fielmente los dictados políticos del imperio Alemán, aunque eso supusiera enfrentarse con el Papa.

Por otro lado, la carencia de fondos monetarios impedía a la Orden obtener bases militares adecuadas, teniendo que conformarse con sus cuarteles principales en Acre y un puñado de castillos secundarios repartidos entre Jerusalén y Trípoli. Sin castillos no podía tener ni tierras y sin tierras no podía mantener vasallos suficientes para poder crecer en importancia.

Sin embargo, todo cambiará con la llegada de Herman von Salza, el cuarto maestre al mando de la Orden (puesto que ocupó desde 1209 a 1239). Von Salza convirtió un Orden militar de importancia secundaria, como eran los Caballeros Teutónicos, en una de las grandes potencias políticas, económicas y militares de Europa.
 
2 – Herman von Salza y la expansión de la Orden:

Herman von Salza (1179-1239), proveniente de Turingia, era un hombre inteligente y capaz que había ascendido de ser un simple caballero a convertirse en el Gran Maestre de la Orden. Von Salza poseía unas grandes dotes políticas y diplomáticas, que sumadas a la gran amistad que mantenía con Federico II Hohenstaufen, el emperador alemán, le permitieron obtener el cargo de Consejero Imperial y pasar a ser una de las personas más importantes e influyentes del Imperio. Su principal labor como consejero fue ejercer de mediador en las tensas relaciones que mantenía el Imperio con el Papado y gracias a sus éxitos diplomáticos fue premiado por ambos bandos con importantes concesiones de tierras en Alemania, Austria e incluso en Sicilia. En estos nuevos feudos se establecieron nuevas bases de la Orden de Caballeros Teutónicos, aumentando así la presencia militar de la Orden en Europa.

Por otro lado, Von Salza usó su poder y prestigio para obtener importantes préstamos y grandes donaciones de dinero con las que comprar castillos y tierras para expandir las posesiones de los Caballeros Teutónicos en Tierra Santa. Entre los numerosos feudos que compró von Salza se encontraba el del señor de Joscelin, situado al este de Acre y elegido por los Caballeros Teutónicos para la construcción del Castillo de Montfort, sede de los cuarteles generales de la Orden y una de las fortificaciones más impresionantes de Tierra Santa.
 
A parte de sus éxitos económicos, Herman von Salza se dedicó de lleno a realzar el prestigio militar de la orden participando junto a ésta en la Quinta Cruzada (1217-1221). Por su valor durante la Cruzada, en especial durante el Asedio de Damietta, Egipto, acontecido en el año 1219 y que se saldó con la conquista cristiana de la ciudad, von Salza fue premiado con una Cruz que de Oro que le otorgó en persona Juan de Brienne, el Rey de Jerusalén, uno de los mayores honores a los que podía acceder un caballero en aquella época.
La Quinta Cruzada finalmente no consiguió su objetivo de recuperar Jerusalén y acabó siendo un fracaso, pero había servido para que los Caballeros Teutónicos se cubrieran de gloria, así que no es de extrañar que viendo lo beneficiosa que podría ser una nueva cruzada, von Salza ideara un plan para orquestar una nueva cruzada protagonizada exclusivamente por alemanes: la Sexta Cruzada.

En 1225 y gracias a una intensa labor diplomática, von Salza consiguió que el emperador Federico II se casara con Yolanda, heredera al trono de Jerusalén, y que merced a ello fuera coronado como nuevo Rey de Jerusalén. Obviamente, el emperador era rey de un territorio ocupado por el Sultán de Egipto así que era una obligación que emprendiera una expedición militar para liberar su reino: la Sexta Cruzada. Con una jugada maestra von Salza había logrado su objetivo de que el Imperio Alemán se lanzara a la conquista de Tierra Santa y además fue premiado siendo nombrado al año siguiente, 1226, “Príncipe del Imperio”, un cargo hereditario que le otorgaba el derecho de llevar el águila imperial en su escudo de armas y gracias al cual tenía la posibilidad de negociar “de igual a igual” con los gobernantes cristianos de Europa
 
Como hemos visto, la Sexta Cruzada (1228-1229) se originó como una empresa personal del emperador Federico II, pero esta cruzada, a diferencia de todas las anteriores, no contaba con el apoyo del Papa ni del resto de la cristiandad ya que el emperador había sido excomulgado en 1227 por el Papa Gregorio IX. Esta excomunión era debida al enfrentamiento que el Papado mantenía con el Imperio Alemán por el control de las ricas ciudades del norte de Italia. Pese a esta extraña circunstancia, la Sexta Cruzada fue todo un éxito que se saldó con la recuperación de Jerusalén para el mundo cristiano. Federico II entró en su reino de Jerusalén el 18 de marzo 1229 y su triunfo fue toda una bofetada para el orgulloso Papa. Von Salza, que había sido el gran artífice del éxito de la Sexta Cruzada, recibió nuevas concesiones territoriales y privilegios fiscales para sus Caballeros Teutónicos y lo más importante: el apoyo del Imperio para lanzar una Cruzada hacía el Este de Europa.

El éxito de los Caballeros Teutónicos donde tantos otros habían fracaso y su apoyo incondicional al excomulgado emperador alemán, les granjeo la enemistad del Papado y de los Caballeros Templarios y Hospitalarios. Estas enemistades reducían enormemente las posibilidades de que la Orden pudiera prosperar más en Tierra Santa, pero a Herman von Salza esto no le importaba lo más mínimo, pues hacía ya bastantes años que había visto con claridad que el futuro de los Caballeros Teutónicos no estaba en Tierra Santa sino en el Este de Europa, donde podían conquistar mayores riquezas y adueñarse de fértiles tierras de cultivo. Con el apoyo incondicional del Imperio Alemán los Caballeros Teutónicos se lanzaron a la conquista del Báltico.

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3 – Las Cruzadas Bálticas: el avance hacia el noreste de Europa

Una de las primeras acciones de Herman von Salza tras ascender a Gran Maestre de los Caballeros Teutónicos fue comandar en 1211 una expedición militar en Transilvania que tenía como objetivo ayudar al rey de Hungría, Andrés II, a defender sus tierras de los invasores Cumanos, tribus nómadas provenientes de Ucrania que se habían asentado en el este de Hungría. Los Caballeros Teutónicos se asentaron en el feudo de Burzenland (o Wurzenland) en la frontera este del reino de Hungría para pacificarlo y cristianizarlo de nuevo. Sin embargo, los Caballeros Teutónicos fueron más allá de la labor encomendada y colonizaron la zona con campesinos alemanes, convirtiendo el feudo en un estado cuasi independiente. Esta situación enfureció al rey Andrés II, que en 1225 ordenó la expulsión de los caballeros Teutónicos, permitiendo no obstante quedarse a los colonos campesinos.
 
Descontento con esta expulsión que consideraba injusta, von Salza decidió no emprender mas acciones militares hacia el Este de Europa hasta que el Papa y el Imperio se comprometieran a reconocer el derecho de la Orden a poseer las tierras conquistadas a los paganos. Como hemos visto anteriormente, la intensa labor diplomática de von Salza le granjeó el apoyo incondicional del Imperio Alemán y tras obtener el apoyo del Papa solo se necesitaba un motivo oficial para que los Caballeros Teutónicos cabalgaran hacía el Báltico.

El motivo apareció cuando el duque Conrado de Mazovia pidió ayuda a los Caballeros Teutónicos para luchar contra los paganos de origen eslavo que habitaban la mayor parte de Prusia. Von Salza se comprometió a ayudar al duque a defender sus tierras a cambio de que éste cediera a la Orden el territorio de Kulm, (actual Chelmo) ubicado en la ribera del Vístula y una excepcional base de operaciones desde la que expandirse hacía el Este y conquistar toda Prusia.
 
Tras llegar a un acuerdo con el duque de Mazovia, en 1230, Herman von Salza envió una expedición de 20 caballeros y 200 sargentos comandados por el hermano comandante Hermann Balke para iniciar las primeras operaciones militares. Con la ayuda de miles de guerreros cruzados, mayormente alemanes y polacos, Hermann Balke inició una campaña militar basada en pacificar el territorio de Kulm y fortificar la línea defensiva del río Vístula construyendo una serie de fortificaciones en los principales lugares estratégicos. Se construyeron fortalezas en Kulm, en Merienwerder, en Thorn y en Elbing. Estas fortalezas no solo eran claves para la defensa sino que también eran bases desde las que la Orden Teutónica podía lanzarse a la conquista del resto de Prusia.
 
Pese a que en combate abierto, los Caballeros Teutónicos y sus auxiliares cruzados se habían impuesto con facilidad a los prusianos, la campaña de Kulm había sido sumamente dura. La población local rehuía el combate frontal para lanzar continuas emboscadas en las que muchos cruzados resultaban muertos y heridos o eran capturados para ser sacrificados en los altares donde los barbaros glorificaban a sus dioses. El destino de los caballeros que caían prisioneros era aun peor pues solían ser arrojados al fuego con la armadura puesta para que se cocinaran dentro. Pese a la dureza de la campaña, los Caballeros Teutónicos no se dieron por vencidos y se dedicaron a lanzar ofensivas de castigo contra las zonas rurales, masacrando a todo aquel que no abrazara el cristianismo. Para los paganos solo había una opción, sumisión o muerte.

En 1235, cinco años después de iniciada la campaña, el Papa Gregorio IX emitió la Bula Dorada de Rieti, mediante la cual reconocía los territorios conquistados en Prusia como pertenecientes a la Orden de Caballeros Teutónicos. Ese mismo año la Orden de los Caballeros de Dobrin, una pequeña orden de cristianos prusianos formada bastantes años atrás para combatir contra las invasiones de paganos y que había sido casi aniquilada, fue absorbida por Los Caballeros Teutónicos, pasando sus tierras y títulos a éstos.
                                   
Al año siguiente, 1236, la Orden de los Hermanos de la Espada, de Livonia, (Letonia) en el Báltico Oriental, sufrió una espantosa derrota a manos de los lituanos en la Batalla de Saule. Los restos de la orden fueron fusionados con los Caballeros Teutónicos como único medio para mantener Livonia en manos cristianas. Livonia pasaría a ser un feudo autónomo de los Caballeros Teutónicos, un territorio de gran importancia estratégica desde el que podían expandirse hacía Lituania y Rusia, lanzando nuevas cruzadas contra dichos territorios.

Ese mismo año de 1236 los Caballeros Teutónicos recibieron también el compromiso de apoyo militar y logístico de Enrique III, margrave de Meissen gracias al cual pudieron avanzar hacia el norte del Vístula y conquistar Pomerania, fundando poco después la colonia de Lübeck.

En 1237, el Papa Inocencio IV promulgó una bula contra los paganos de Finlandia y los cristianos ortodoxos rusos del Principado de Nóvgorod (actual San Petersburgo, Rusia). Un ejército de cruzados suecos invadió Finlandia y avanzó hacía Nóvgorod. Sin embargo, Nóvgorod estaba gobernado por el joven príncipe Alexander Nevski, un brillante líder y gran estratega militar que consiguió derrotar a los suecos en la Batalla del río Neva en 1240.
 
Mientras los suecos atacaban por el norte, Los Caballeros Teutónicos, acogiéndose a los términos de la misma bula papal de 1237, decidieron lanzar a su vez una cruzada contra el Principado de Nóvgorod, usando para ello el contingente de tropas que mantenían en su provincia de Livonia. La conquista de Nóvgorod era un botín muy apetecible para la Orden teutónica pues su posesión les permitiría dominar en casi su totalidad el Mar Báltico.

Los Caballeros Teutónicos, al mando del obispo Hermann de Dorpat, junto con sus auxiliares livonios avanzaron imparablemente hacía Nóvgorod desde el oeste y consiguieron conquistar la importante ciudad de Pskov en 1241. Ante esta situación, en 1242 el príncipe de Nóvgorod, Alexander Nevski, avanzó con un vasto ejército para reconquistar Pskov y detener a los Caballeros Teutónicos. Ambas fuerzas se enfrentarían el 5 de abril de 1242 en la famosa Batalla del Lago Peipus, Estonia.

Los caballeros alemanes y sus aliados decidieron cargar contra el centro de las líneas rusas atravesando la superficie congelada del lago. Sin embargo, los guerreros alemanes estaban pesadamente acorazados y por ello tenían una gran dificultad para moverse sobre el lago y combatir a sus enemigos. Por su parte, las tropas de Nóvgorod combatían enfundados en armaduras ligeras que aunque les hacían más vulnerables también les permitían tener una gran movilidad y una mayor rapidez. Gracias a ello consiguieron moverse con gran soltura por el lago para flanquear y envolver a los Caballeros Teutónicos. Al verse rodeados por todas partes cundió el pánico y los guerreros católicos emprendieron una retirada que se convirtió en masacre al romperse el hielo en muchas partes del lago y caer los guerreros a sus heladas aguas.
 
Con esta gran victoria el joven príncipe Alexander Nevski había asegurado la supervivencia del Principado de Nóvgorod y había detenido la ambiciosa expansión de los católicos europeos. En 1250, el Papa Inocencio IV abandonó la idea de convertir por la fuerza a los cristianos ortodoxos y decidió retomar las relaciones diplomáticas con Nóvgorod.

Para los Caballeros Teutónicos la derrota del Lago Peipus fue un duro golpe que frustraba sus ambiciones de dominar en su totalidad el Mar Báltico. Pero lo peor fue que el mito de su invencibilidad se había derrumbado y esto motivó que los prusianos recién conquistados aprovecharan la ocasión para rebelarse y sacudirse el yugo de los Caballeros Teutónicos. Por si fuera poco, varios de los nobles cristianos de Prusia se rebelaron también, aliándose con los paganos. Estos nobles eran en su mayoría de origen polaco y su intención al aliarse con sus tradicionales enemigos paganos era independizar sus territorios del domino alemán de la Orden Teutónica. El principal noble rebelde fue poderoso duque Swantopelk de Pomerania.

Ante la gravedad de la situación, en 1243, mediante una nueva bula, el Papa Inocencio IV reconocía las nuevas diócesis en las que los Caballeros Teutónicos habían dividido sus territorios de Prusia: Kulm, Pomerania, Ermeland y Samland. Es decir, para disuadir de sus intenciones a los nobles rebeldes prusianos el Papa reconocía los derechos de propiedad que tenía la Orden teutónica sobre Prusia, y los cristianos que se opusieran a esta bula se tendrían que enfrentar con el enorme poder de la Iglesia Católica.
 
La rebelión prusiana fue un desastre para los Caballeros Teutónicos, a las continuas emboscadas que sufrían a manos de los paganos prusianos se sumaban devastadores ataques a campo abierto realizados por las tropas de Pomerania. En 1244 los Caballeros teutónicos fueron derrotados en la Batalla de Rensen y poco después los rebeldes lograron conquistar la mayoría de castillos y fortalezas de la Orden Teutónica.

Ese mismo año de 1244, los Caballeros Teutónicos establecidos en Tierra Santa participaron junto a las tropas nobiliarias y las órdenes militares de Templarios y Hospitalarios en la defensa de Jerusalén frente al ataque del sultán de Egipto. En la desastrosa Batalla de La Forbie, cerca de Gaza, los Caballeros Teutónicos de Tierra Santa fueron casi aniquilados, muriendo 397 de los 400 caballeros que participaron en la batalla. Templarios y Hospitalarios sufrieron también bajas similares y Jerusalén fue de nuevo conquistada por los musulmanes. Un duro golpe para la cristiandad y sobre todo para la Orden Teutónica, que atravesaba sus peores momentos tras ser derrotada en todos los frentes.
 
Las derrotas en Tierra Santa pese a su gravedad no eran ni la mitad de importantes para la Orden Teutónica que la pérdida de sus feudos en Prusia, así que fue allí donde se concentraron todos sus esfuerzos para mantener las tierras conquistadas en su poder. Al no poder imponerse militarmente a la alianza entre los paganos prusianos y los cristianos rebeldes de Pomerania, la Orden Teutónica recurrió a toda su fuerza diplomática para intentar romper dicha alianza. Finalmente y tras arduas negociaciones, en 1248 el duque Swantopelk de Pomerania fue convencido por los enviados del Papa para dejar de ayudar a los paganos. Sin el apoyo del duque de Pomerania los rebeldes prusianos sabían que no tenían ninguna posibilidad de obtener la victoria y decidieron someterse. A comienzos de 1249 los rebeldes y los Caballeros Teutónicos firmaron el Tratado de paz de Christburg, mediante el cual los Caballeros Teutónicos otorgaban una considerable autonomía a los nobles de sus territorios y un mayor número de derechos civiles a todos sus súbditos que fueran cristianos o que se convirtieran al cristianismo.
 
En 1250 Prusia Occidental fue finalmente pacificada y los Caballeros Teutónicos se dispusieron a continuar su expansión avanzando contra Prusia Oriental y contra la provincia lituana de Samogitia que aislaba los territorios de Prusia con los de Livonia. Esta provincia tenía la única salida al mar del Ducado de Lituania, que en la época era el más poderoso territorio de Europa del Este que aún mantenía la religión pagana.
En 1252, la Orden Teutónica capturó la ciudad lituana de Kláipeda, cortando el único acceso de Lituania al mar y asestando así un duro golpe al gran ducado pagano. Poco después, el papa Urbano VI apoyó las pretensiones de conquista de los Caballeros Teutónicos convocando una cruzada contra los paganos de Prusia Oriental y en poco tiempo se formó un inmenso ejército de casi 60.000 cruzados, en su mayor parte alemanes y austriacos, comandados personalmente por el rey de Bohemia Ottokar II.

Este poderoso ejército avanzó imparablemente y para el año 1255 ya había conquistando cas toda Prusia Oriental. En agradecimiento por la ayuda prestada, ya que los cruzados habían conquistado la zona en tiempo record, la Orden de los Caballeros Teutónicos fundó la colonia de Königsberg (Montaña del Rey) en honor al rey de bohemia Ottokar II. A la conquista le siguió un aluvión de conversiones al cristianismo, ya que los Caballeros Teutónicos y el resto de cruzados solo daban dos opciones: conversión o muerte. La mayoría de los prusianos deseaban seguir viviendo en sus tierras y por ello se convirtieron al cristianismo de forma masiva.
 
Mientras el ejército cruzado se preparaba para la conquista de Prusia y viendo la amenaza que eso suponía para la pagana Lituania, el duque Mindaugas, gobernante de Lituania decidió convertirse al cristianismo en el año 1253 para evitar que los cruzados cayeran sobre sus tierras. Casi todas las provincias de Lituania siguieron el ejemplo del duque y sus habitantes se convirtieron a la fe cristiana. La única excepción fue la región de Samogitia, que decidió seguir con su religión y combatir contra los cristianos. Ante la situación, el duque Mindaugas autorizó a la Orden de Caballeros Teutónicos a luchar dentro del territorio lituano contra los paganos de Samogitia y supuestamente les concedió la propiedad de dicha provincia (los documentos en que aparece la cesión de Samogitia a la Orden Teutónica son considerados como falsos por bastantes historiadores).

Contra todo pronóstico, las tribus paganas de Samogitia derrotaron a los Caballeros Teutónicos en la Batalla de Skuodas en 1259 y al ejército cruzado en la Batalla de Durbe en 1260. Estas victorias decisivas detuvieron de forma definitiva el avance cruzado e hicieron que el duque Mindaugas decidiera regresar al paganismo y que forjara una alianza con el duque Alexander Nevski de Nóvgorod para combatir contra los Caballeros Teutónicos. En 1263 Mindaugas fue asesinado y Lituania se sumió en un caos de luchas fratricidas entre los nobles que aspiraban a gobernar.
 
El final de la cruzada alemana y las victorias de los lituanos generaron que una vez más, los paganos prusianos recién conquistados se sublevaran contra la Orden Teutónica, poniendo a esta en grandes aprietos. La sublevación fue creciendo y muchos castillos de la Orden cayeron ante los paganos, los cuales incluso se atrevieron a atacar Livonia y Polonia. Pero a partir de 1265 la Orden recibió una ayuda masiva de cruzados alemanes, entre ellos el duque Alberto I de Brunswick, Enrique III de Turingia y el famoso rey Ottokar II de Bohemia, que además de ayudar a la Orden Teutónica aspiraba a conquistar Lituania. Estas ayudas permitieron a la Orden derrotar completamente a los prusianos paganos, que se rindieron definitivamente en 1277.
A consecuencia de la rebelión, los prusianos perdieron los derechos recibidos en el anterior Tratado de Christburg, con el que finalizaba la primera rebelión prusiana, y fueron convertidos en siervos sin ningún derecho (eran considerados “esclavos de Cristo”). Para escapar de este destino muchos de los paganos prusianos huyeron a Lituania para evitar convertirse al cristianismo. En 1284 se dio por concluida la pacificación de Prusia y la Orden Teutónica comenzó a repoblar el territorio desolado con colonos alemanes. A partir de entonces y hasta el siglo XX, Prusia sería étnicamente germana.

4 – Apogeo y declive de la Orden:


Poco tiempo después de que la Orden Teutónica se alzará con la victoria en Europa del Este, en Tierra Santa se perdía la ciudad de Acre en 1291 y con ella finalizaba la presencia cristiana en Palestina. Acre era también el cuartel general de la Orden, (tras la conquista musulmana del castillo de Montfort en 1271) y tras perderse la ciudad, la sede principal de la Orden se trasladó a la ciudad de Venecia. Con la persecución a los Templarios y en vista del desprestigio que sufrían las Ordenes Militares y de que ya nunca se volvería a los Santos Lugares, la Orden decidió en 1309 abandonar el Mediterráneo y trasladar su cuartel general al majestuoso castillo de Marienburg de Prusia.

Mientras la Orden abandonaba Tierra Santa, en el Este de Europa las cosas estaban a punto de cambiar. Lituania había superado su largo periodo de guerras intestinas por el poder y se alzaba más fuerte que nunca y dispuesta a enfrentarse a los Caballeros Teutónicos con todas sus fuerzas. En 1296 ascendió al trono lituano el duque Vytenis, el cual construyó un entramado de fortificaciones para defender sus fronteras occidentales y desde las cuales lanzar continuas campañas militares contra los territorios de la Orden Teutónica, el ducado de Mazovia e incluso el Reino de Polonia. La intención de Lituania era mantener una actitud ofensiva contra la Orden Teutónica que le diera la iniciativa militar en el oeste mientras sus ejércitos más poderosos se encaminaban hacía al este a la conquista de los vastos territorios del Principado de Kiev. En el año 1321, el Gran Duque Gediminas, sucesor de su hermano Vytenis, capturó la ciudad de Kiev y anexionó los territorios del Principado de Kiev a Lituania, la cual alcanzó con esto su máximo apogeo, convirtiéndose en una de las potencias más poderosas del Este de Europa. Las continuas batallas entre los Caballeros Teutónicos y los lituanos continuaron a lo largo de las siguientes décadas. Sin embargo, sin el lastre de su presencia en Tierra Santa, la Orden podía dedicar todos sus recursos a combatir en el Este de Europa, y el fin de las Cruzadas supuso que muchos nobles europeos, hambrientos de gloria, acudieran a Prusia para batallar contra los paganos lituanos al lado de los Caballeros Teutónicos. Finalmente, en 1382 los Caballeros Teutónicos se impusieron en la guerra contra Lituania y lograron conquistar la provincia de Samogitia. Cuatro años después, en 1386, el Gran Duque Jogaila de Lituania se convirtió al cristianismo para poder contraer matrimonio con Jadwiga, heredera del reino de Polonia, convirtiéndose así en Rey de Polonia con el nombre de Ladislao II.
El nuevo estado polaco-lituano que surgía de esta unión era el reino más poderoso del este de Europa y dado que ahora era un estado cristiano, la Orden Teutónica no podría solicitar que el Papa lanzase cruzadas en su contra. Polonia había conseguido mediante un acuerdo matrimonial lo que la Orden no había podido lograr con las armas: la conversión de Lituania.

La alianza contra natura entre la católica Polonia y el gran ducado pagano de Lituania se debió en gran parte a las acciones agresivas de los Caballeros Teutónicos. Polonia había sido un fiel aliado de la Orden Teutónica a lo largo de la historia y como vimos anteriormente, fue la petición de ayuda del ducado polaco de Mazovia lo que permitió a la orden alemana lanzar sus Cruzadas Bálticas. Sin embargo, esta ayuda polaca nunca fue recompensada por el Orden Teutónica, y es más, la Orden no dudo en apropiarse inescrupulosamente de territorios polacos en su propio beneficio, como fue el caso de la captura de la ciudad de Dánzig en 1308. Los Caballeros Teutónicos habían acudido a Dánzig para ayudar a los polacos a sofocar una revuelta de los habitantes de la ciudad, sin embargo, una vez sofocada la revuelta, los Caballeros Teutónicos no devolvieron la ciudad a los polacos sino que la anexionaron a sus territorios, cortando la salida al mar de Polonia y ganándose la enemistad eterna de ésta. El expansionismo teutón era una grave amenaza para Polonia y para Lituania, de ahí la unión de ambas.

En 1409 Samogitia se rebelaría contra el dominio de la Orden Teutónica, ante esto, el nuevo reino de Polonía-Lituanía saldría en defensa de los rebeldes y declararía la guerra contra la Orden Teutónica, una guerra que decidiría el destino del Este de Europa.

A comienzos de 1410, el rey Ladislao II de Polonia se puso a la cabeza de un ejército de 38.000 hombres (entre lituanos, polacos y mercenarios rusos y tártaros) y lanzó por sorpresa una ofensiva contra el territorio de la Orden Teutónica con el objetivo de derrotarla antes de que esta pudiera congregar a todos sus hombres.

El Gran Maestre de la Orden; Ulrich von Jungingen, contaba con poco mas de 26.000 hombres para oponerse a la invasión polaca, pero confiado en su superioridad militar decidió salir osadamente al encuentro del ejército enemigo, en vez de atrincherarse en sus castillos a la espera de que llegaran refuerzos desde la prefectura de Livonia.

El 15 de julio de 1410 ambos ejércitos se disputarían el dominio de Europa Oriental en una batalla decisiva que pasaría a los anales de la Historia: la Batalla de Tannenberg.

Los dos ejércitos se posicionaron en línea entre los bosques y colinas de Tannenberg y después de lanzarse los acostumbrados desafíos, propios de esta época caballeresca comenzó la batalla con el ataque de la caballería lituana contra el ala izquierda del ejército teutónico. Una lluvia de flechas de ballesta devastó las primeras filas de los caballeros lituanos, los cuales volvieron grupas y huyeron hacía sus líneas. Una parte de la caballería de la Orden Teutónica se lanzó impetuosamente en su persecución y recibió el contraataque de la caballería rusa y tártara, trabándose en un combate en el que ambos bandos sufrieron muchas bajas.

La infantería polaca por su parte cargó contra el centro de la línea de infantería de la Orden Teutónica, pero esta se mantuvo firme y los polacos fueron perdiendo terreno poco a poco y comenzaron a retroceder. La victoria parecía estar al alcance de la mano y el Gran Maestre decidió cubrirse de gloria lanzándose a la carga junto a 200 caballeros contra la línea enemiga. El Gran Maestre pensaba que ante su carga los enemigos romperían filas y huirían, pero la jugada le salió mal. El Gran Maestre y sus audaces caballeros, que componían la elite militar y administrativa de la Orden, fueron rodeados por sus enemigos y, uno a uno, fueron cayendo muertos de sus caballos. La muerte del Gran Maestre y sus 200 caballeros desmoralizó al ejército de la Orden Teutónica y los polacos se alzaron con una gran victoria.

La derrota de Tannenberg supuso un golpe durísimo para la Orden de los Caballeros Teutónicos, la cual solo sobrevivió gracias a la heroica defensa que realizó el hermano comandante Heinrich von Plauen en el castillo de Marienburgo y a la contratación de 7500 mercenarios con los que suplir las enormes bajas sufridas en Tannenberg. Al año siguiente, 1411, se firmó finalmente la paz entre la Orden Teutónica y el reino de Polonia-Lituania mediante el Tratado de Thorn. Este tratado fue benevolente con los Caballeros Teutónicos, los cuales solo tuvieron que ceder a Polonia la antigua provincia lituana de Samogitia. Sin embargo, los Caballeros Teutónicos habían recibido un golpe mortal del que jamás se recuperarían. Poco a poco fueron perdiendo poder y sus territorios más ricos pasaron a manos de sus ambiciosos vecinos.

En 1454 Polonia reanudó las hostilidades y lanzó una potente ofensiva contra los territorios de la Orden Teutónica, la cual tuvo que recurrir a una contratación masiva de mercenarios para poder defenderse. En 1456 Polonia conquistó el Castillo de Marienburgo, cuartel general de los Caballeros Teutónicos, merced a una traición de los mercenarios que lo defendían y con ello decantó la guerra hacía su lado. Finalmente, Polonia derrotó a los Caballeros Teutónicos en la Batalla de Zarnowiec en
1462 y estos se vieron abocados a buscar la paz antes de perder todos sus territorios y extinguirse.

La guerra concluyo en 1466 con la firma del Segundo Tratado de Thorn, mediante el cual los Caballeros Teutónicos cedían a Polonia la totalidad de sus territorios en Prusia Occidental. La Orden, más debilitada que nunca, tuvo que trasladar su sede a Königsberg, a Prusia Oriental, que junto a Livonia eran los únicos territorios que aún conservaba.

Tras el final de la Edad Media el declive de la Orden se aceleró, en el nuevo mundo de Estados Centralizados que estaba surgiendo ya no había sitio para caballeros andantes y tras la llegada del Luteranismo a Alemania, la Orden se vio envuelta en un conflicto religioso que acabó con su ruptura con el catolicismo y con el Papado. En 1525 los Caballeros Teutónicos de Prusia se secularizaron y el territorio se convirtió en un ducado perteneciente a Polonia. En 1561 ocurriría lo mismo con Livonia, que también se convirtió en un ducado polaco. En 1562 ya no quedaba nada del pasado esplendor de la Orden Teutónica, pero las raíces alemanes que sembró en el Este de Europa permanecerán inamovibles durante los próximos siglos, hasta el resurgimiento de Prusia como reino independiente. Por último, Prusia y los territorios ocupados por la Orden en el Este de Europa sirvieron de excusa para el expansionismo alemán y fueron una de las causas del estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Hoy en día Prusia es parte del territorio de Polonia.

La Orden Teutónica continuó existiendo en Alemania como una orden secular de nobles alemanes. En la actualidad la Orden aún existe y se dedica a actividades benéficas en Europa Central.

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