lunes, 12 de enero de 2015

Hernan Cortes y los 400



En medio de un tumulto de profecías que advertían al Emperador Moctezuma II de la llegada de hombres blancos y barbudos procedentes de Oriente con la intención de conquistar el Imperio azteca, los malos augurios se materializaron con el desembarco de Hernán Cortés, 518 infantes, 16 jinetes y 13 arcabuceros en la costa mejicana en 1519. El conquistador extremeño –tras varios meses de batallas contra tribus menores en su camino hacia la capital azteca– tomó una decisión radical, destruir las naves, que delató sus intenciones: o ricos, o no volverían a Cuba.

Desde el principio de la expedición, un grupo de los españoles –los llamados velazqueños por su lealtad al gobernador de Cuba Diego de Velázquez– defendía regresar cuanto antes y no internarse más en una tierra que se consideraba dominada por el imperio más poderoso y grande de Norteamérica. Propuso Cortés ir a México. Y para que le siguiesen todos, aunque no quisiesen, acordó quebrar los navíos, cosa recia y peligrosa y de gran pérdida», narra el cronista López de Gómara sobre la decisión de Cortés. El 8 de noviembre de 1519 iniciaron el viaje definitivo hacia Tenochtitlán los 400 españoles supervivientes, acompañados de 15 caballos y siete cañones, que pasarían a la historia como los principales responsables del derrumbe del estado mexica.
400 españoles contra cientos de miles

A simple vista, podría pensarse que Cortés se creía un moderno Leónidas –el Rey espartano que frenó por unos días al imperio persa en las Termopilas acompañado de solo 300 hombres– y que tenía planeado, como el historiador mexicano Carlos Pereira describió sobre el aspecto de la expedición, inmolarse voluntariamente al espantoso Huichilobos (la principal deidad de los mexicas ). Pero las apariencias suelen engañar, el extremeño no estaba improvisando: conocía muy bien sus ventajas y había tomado nota de las debilidades de su gigantesco enemigo.

Los guerreros tlaxcaltecas se incorporaron a las tropas españolasEl Imperio azteca era la formación política más poderosa del continente que, según las estimaciones, estaba poblada por 15 millones de almas y controlado desde la ciudad-estado de Tenochtitlan, que floreció en el siglo XIV. Usando la superioridad militar de sus guerreros, los aztecas y sus aliados establecieron un sistema de dominio a través del pago de tributos sobre numerosos pueblos, especialmente en el centro de México, la región de Guerrero y la costa del golfo de México, así como algunas zonas de Oaxaca. Hernán Cortés no tardó en darse cuenta de que el odio de los pueblos dominados podía ser usado en beneficio español. En su camino hacia Tenochtitlán, los conquistadores lograron el apoyo de los nativos totonacas de la ciudad de Cempoala, que de este modo se liberaban de la opresión azteca. Y tras imponerse militarmente a otro pueblo nativo, los tlaxcaltecas, los españoles lograron incorporar a sus tropas a miles de guerreros de esta etnia.

El plan de Cortés para vencer a un ejército que le superaba desproporcionadamente en número, por tanto, se cimentó en incorporar a sus huestes soldados locales. Así, junto a los 400 españoles formaban 1.300 guerreros y 1.000 porteadores indios, que se abrieron camino a la fuerza hasta la capital. Con las alianzas del extremeño, se puede decir que la conquista de México se convirtió, de algún modo, en una guerra de liberación de los pueblos mexicanos frente al dominio azteca.

Retrato de Hernán Cortés

Además del odio común contra el terror sembrado por los aztecas, el conquistador extremeño percibió otro síntoma de debilidad en el sistema imperial y lo explotó hasta sus últimas consecuencias. Moctezuma II –considerado un gran monarca debido a su reforma de la administración central y del sistema tributario– se dejó seducir, como las serpientes, por Hernán Cortés y fue claudicando ante sus palabras, en muchos casos con veladas amenazas, hasta terminar cautivo en su propio palacio. La figura del extremeño ha sido demonizada posteriormente por este doble juego político con el cándido emperador, pero cabe recordar, así lo hacen las crónicas de Bernal Díazdel Castillo y de López de Gómara, la difícil situación en la que se encontraban los hispánicos. Estaban en una exagerada inferioridad numérica, lejos de cualquier base donde refugiarse y tratando con un pueblo que seguía practicando los sacrificios humanos.

A pesar del malestar creciente por las acciones de los conquistadores españoles, Moctezuma dirigió a petición de Cortés un discurso conciliador frente a su pueblo donde se reconoció como vasallo de Carlos I y pidió rendir obediencia a los extranjeros. No en vano, cuando los invasores planeaban su salida de la ciudad llegó la noticia de que el gobernador Diego Velázquez, desconociendo que Carlos I había dado su beneplácito personal a la empresa, confiscó en la isla de Cuba los bienes del extremeño y organizó un ejército que constaba de 19 embarcaciones, 1.400 hombres, 80 caballos, y veinte piezas de artillería con la misión de capturar a Cortés. El caudillo español se vio obligado a salir de la ciudad, junto a 80 hombres, para enfrentarse al grupo enviado por Velázquez.

Moctezuma se dirigió a su pueblo que le respondío con piedrasTras un ataque sorpresa, Cortés se impuso a sus compatriotas, que también le superaban en número por mucho, y pudo regresar meses después con algunos refuerzos a Tenochtitlán, donde encontró una ciudad sublevada contra los españoles, quienes ante los rumores de conspiración habían ordenadola muerte de algunos notables aztecas que le parecieron sospechosos. Durante unos días, los europeos intentaron utilizar a Moctezuma para calmar los ánimos, pero fue en vano. Díaz del Castillo relata que Moctezuma subió a uno de los muros del palacio para hablar con su gente y tranquilizarlos; sin embargo, la multitud enardecida comenzó a arrojar piedras, una de las cuales hirió al líder azteca de gravedad durante su discurso. El emperador falleció tres días después a causa de la herida e, invocando la amistad que había entablado con Cortés, le pidió que favoreciese a su hijo de nombre Chimalpopoca tras su muerte.

En la llamada Noche Triste, el 30 de junio de 1520, Cortés y sus hombres se vieron obligados a huir desordenadamente de la ciudad, acosados por los aztecas, que les provocaron centenares de bajas. No obstante, pocos días después se libró la batalla de Otumba, donde los españoles dieron cuenta de la superioridad militar de las técnicas europeas.
«Ellos no traen armas ni las conocen»

Si hay que señalar cuáles fueron las principales causas del éxito de la empresa de Cortés, a su capacidad de aprovechar las divisiones entre los pueblos de la región y de explotar el carácter dubitativo de Moctezuma hay que añadir la impresión que causaron las armas y las tácticas europeas sobre los aztecas. «Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo, y se cortaban con ignorancia. No tienen algún hierro», escribió Cristóbal Colón sobre los nativos que encontró en su primer viaje. Tampoco los habitantes de la región mexicana conocían el hierro y, además, sus armas estaban adaptadas a una forma de hacer la guerra que se mostró contraproducente en la lucha contra los europeos. Como en sus guerras tribales, los aztecas buscaron inmovilizar o herir, sin matar, a los españoles con armas fabricadas con huesos o de madera tratada para posteriormente trasladarlos a sus ciudades, donde celebraban con los capturados sacrificios humanos en honor a los dioses o los esclavizaban.

La forma de hacer la guerra en Occidente –matar en vez de apresar– y sus avances tecnológicos –el hierro (en su máxima forma, el acero), la pólvora y el uso de caballos– suplieron la clara desventaja numérica de los españoles y sus aliados. En la batalla de Otumba, Hernán Cortés, 400 supervivientes de la huida de Tenochtitlán y 1.000 de aliados de Tlaxacala se impusieron a 100.000 soldados aztecas seleccionados de entre su élite militar. Los historiadores militares destacan dos claves de la victoria hispánica: la actuación de la caballería ligera dirigida por Cortés, empleando tácticas desconocidas por los mexicas, y que la muerte de un general se consideraba el fin del combate en Mesoamérica.

Según la narración del cronista Díaz del Castillo, tras invocar a Santiago los jinetes españoles se abrieron paso entre sus contrincantes y Cortés derribó a Matlatzincatzin, el líder militar azteca, y el capitán Salamanca lo mató con su lanza, apoderándose del tocado de plumas y el estandarte de guerra de los mexicas. El ejército mexica rompió filas al no tener un mando y comenzó la retirada. Tras la contienda, el extremeño preparó su regreso a Tenochtitlán y a finales de abril de 1521 comenzó el asedio final a la capital, donde fueron determinantes los cañones de pólvora para someter a una ciudad de más de 100.000 habitante.

400 españoles y un millar de tlaxcaltecas se impusieron a 100.000 aztecas. Sobre el uso de la pólvora, antes de su primera visita a la capital azteca, Cortés ordenó una demostración del funcionamiento de los arcabuces frente a los emisarios de Moctezuma para que dieran fe del potencial de las armas europeas. Lo cual extendió el miedo entre la población, a quienes el simple estruendo de los arcabuces les causaba espanto. Aun así, como prueba de que su impacto fue más psicológico que tangible, los cañones y arcabuces de los soldados españoles de nada sirvieron en la Noche Triste –la mayor derrota de la Monarquía hispánica en sus primeros 50 años de conquista– ni fueron claves en la batalla de Otumba.

A raíz del asedio final de Tenochtitlán, el desgaste provocado entre los sitiados por las enfermedades llegadas del Viejo Mundo supuso el golpe de gracia para los restos de la estructura imperial. Ciertas enfermedades epidémicas desconocidas hasta entonces en el continente americano, la viruela, el sarampión, las fiebres tifoideas, el tifus y la gripe, diezmaron a la población y abrieron la puerta a la conquista de toda Mesoamérica.

jueves, 8 de enero de 2015

La toma de Calais.. 16 de abril de 1596



La toma de Calais se produjo como reacción española al tratado de Greenwich entre Francia, Inglaterra y las Provincias Unidas contra Felipe II. Según el tratado, Inglaterra y Francia formarían una confederación ofensiva y defensiva contra España, a la que estarían invitados a sumarse cualquier otra potencia interesada, Inglaterra enviaría 4.000 soldados de infantería para luchar durante 6 meses contra los tercios españoles en Picardía y Normandía, sin alejarse más de 50 millas de Boulogne-sur-Mer.


Escudo de armas del Archiduque Alberto

Estas fuerzas estarían bajo mando de Francia, que también debería hacerse cargo de su manutención. Sin embargo sus esfuerzos se vieron frustrados por toda una serie de victorias Españolas en la guerra en Francia entre 1594 y 1596 que culminaráin con la toma de Calais en 1596 por parte del Archiduque Alberto.


La toma de Calais: el Archiduque Alberto

El Archiduque Alberto fue nombrado Gobernador General de los Países Bajos Españoles ese mismo año de 1596 y en 1598 renunció al arzobispado y a los hábitos y al año contrajo matrimonio (18 de abril de 1599) con su prima hermana Isabel Clara Eugenia, hija de su tío el rey Felipe II de España, éste traspasó la soberanía de los Países Bajos al matrimonio con la cláusula de que si a la muerte de uno de los cónyuges, éstos no tuviesen descendencia, el territorio volvería a la Corona Española, como finalmente sucedió.


La toma de Calais: Paises Bajos Españoles
La toma de Calais

Así el ejército español, tras bordear el Canal de la Mancha, el 16 de abril de 1596, rodea y asalta la muralla de Calais al día siguiente. El primer intento por parte de compañías de varias nacionalidades fracasa, y el Archiduque Alberto exclama:


¿Cómo, los españoles se retiran?

A lo que le responden que no son españoles, sino de otras naciones, y que con solo tres compañías de españoles, tomarían la ciudad, al mando del Capitán Alonso de Ribera, la ciudad fue tomada, en tan solo una hora.

Olimpia de Épiro..Madre de Alejandro Magno



Olimpia de Épiro..fue reina de Macedonia y madre de Alejandro Magno, pero poco mas sabemos de este importante personaje histórico. La biografía consagrada a Filipo II y sus siete esposas, escrita por Sátiro de Calaris y que sería una importante fuente para conocer más sobre esta mujer, desapareció hace siglos. Además, la mayoría de las noticias que tenemos sobre Olimpia de Épiro son contrarias a su figura; destaca Casandro, enemigo de la reina y quien la caracteriza como una mujer violenta y neurótica, aficionada a la brujería y llena de supersticiones.


Medallon de Olimpia de Épiro

Con todo, no podemos dejar de apreciar su importancia en el contexto de la Macedonia antigua, no sólo como madre de Alejandro, quien a su muerte sería venerado como un dios, sino como una mujer que traspasó los roles de género que tradicionalmente asignamos a la Grecia antigua.
Olimpia de Épiro: origen y llegada a Macedonia

Nacida hacia el año 375 a.C. y de nombre Polixena, era hija de Neptolemo I de Épiro, rey se los molosos. Su lugar de nacimiento se situaba al noroeste de Grecia y era una tierra fundamentalmente dedicada a la agricultura.

Huérfana de padre y madre, se crió al cuidado de su tío Arribas, sucesor de Neptolemo. Con 19 años marchó a Macedonia, donde contrajo matrimonio con el rey Filipo II, cambiando su nombre por el de Myrtale y convirtiéndose en su esposa principal (que no primera).


Filipo II

Años después volvió a cambiar de nombre, adoptando el de Olimpia en honor a la victoria obtenida allí por los caballos de su esposo el mismo día del nacimiento de Alejandro.

Filipo y Olimpia de Épiro tuvieron también una hija, de nombre Cleopatra, nacida en el año 353 a.C. Junto a los dos vástagos reales se crió Alejandro de Épiro, hermano menor de la reina y que se convertiría en rey de Épiro.
Olimpia de Épiro: acción política y otras intrigas

La vida de Olimpia de Épiro fue más allá de la reclusión doméstica tradicionalmente asignada a las mujeres griegas. En política, su objetivo principal fue el de asegurarse de que su hijo Alejandro ocupase el trono de Macedonia una vez muerto Filipo. Se trataba de un camino lleno de obstáculos.


Alejandro Magno

Si bien los griegos consideraban a los macedonios, a pesar de ser muy parecidos a ellos, como unos bárbaros -lo que haría que tanto Filipo como Alejandro tuvieran siempre dificultades en su intento de unificar los pueblos griegos y expandirse hacia otros territorios-, lo mismo ocurría entre Macedonia y Épiro.

Cierta parte de la corte macedónica siempre vio a Alejandro como a un bastardo real hijo de una extranjera, y por tanto no merecedor del trono. Por otro lado, Olimpia de Épiro no era la única esposa de Filipo y Alejandro no era su único hijo varón, por lo que cualquier cambio de opinión o favorito en el monarca podía hacer perder al futuro Magno su posición.

Además de sus juegos políticos, Olimpia de Épiro estuvo toda su vida rodeada de rumores e intrigas. Existía la sospecha de que tenía amantes, de que participaba en orgías y de que tenía inclinación por las serpientes domesticadas, afición proveniente del culto tracio primitivo.

En el año 337 a.C. Filipo II decidió repudiar a Olimpia de Épiro que dejó de ser reina para ocupar solamente el papel de madre del heredero. El monarca macedonio contrajo entonces matrimonio con Cleopatra-Eurídice, sobrina de su amigo Atalo, oficial del ejército.

En ese momento Olimpia de Épiro decidió regresar a su lugar natal, Épiro, donde ya gobernaba su hermano. Al mismo tiempo, la posición preeminente de su hijo se tambaleaba: si Cleopatra y Filipo tenían un hijo, el monarca podía decidir darle a éste el primer puesto en la sucesión dinástica, con lo que el objetivo por el que Olimpia había luchado no se cumpliría.
Olimpia de Épiro: muerte de Filipo y regreso a Macedonia

A finales del año 336 a.C. Filipo II moría asesinado, hecho que hizo que Olimpia de Épiro regresara a Macedonia, al parecer sin mostrar tristeza. Empezaron a extenderse los rumores de que la antigua reina había provocado la muerte del rey para favorecer a Alejandro, más cuando poco después fallecieron Cleopatra y la criatura que ésta había tenido con Filipo.

Si bien no hay nada claro con respecto a la muerte de Filipo, el asesinato de su última esposa y de la descendencia de ambos sí parece que fue obra de Olimpia de Épiro. Según nos cuenta Justino, Alejandro habría reprochado esta acción a su madre, aunque más tarde él mismo mandó ejecutar a todas aquellas personas relacionadas con Filipo y Cleopatra que habían sido colocadas en puestos de importancia en el reino.


Busto de Olimpia de Épiro

En el año 334 a.C. Olimpia de Épiro se despidió de su hijo, que marchaba a la conquista de Asia, quedando como principal gobernante del reino. En su contra tenía a Casandro, miembro de la corte que había sido favorable a Filipo, que recelaba de Alejandro y que intentó deshacerse de ella por distintos medios.

La muerte de Alejandro la dejó sola. Intentó entonces garantizar la subida al trono de su nieto Alejandro, hijo del Magno y de Roxana. Pero Casandro aprovechó la coyuntura de indefensión de Olimpia de Épiro para cargar contra ella, consiguiendo que fuese ejecutada en el año 315 a.C.
El legado de Olimpia de Épiro

A pesar de la poca documentación con la que contamos para hablar sobre Olimpia de Épiro y los pocos trabajos historiográficos que su vida ha generado, lo cierto es que se trata de un personaje que provoca curiosidad y controversia. De ella se nos ha transmitido la imagen de una mujer vengativa, sibilina y ambiciosa, imagen no sólo presente en las crónicas de sus enemigo.

Pero, si indagamos un poco más, podemos apreciar que la actitud de Olimpia de Épiro no difiere de la de muchos otros personajes de la Antigüedad, capaces de todo por satisfacer sus ambiciones. Es más, debemos considerarla como una mujer que trascendió el papel tradicional asignado a las mujeres de su época al intervenir en los asuntos políticos y no conformarse con el rol de reina consorte.

Hannón el Grande contra los Barca

Hannón el Grande, el traidor de Cartago

Hannón el Grande, ganó su apellido haciendo grandes conquistas de territorios para Cartago en áfrica, enriqueciéndose en extremo y haciéndose con el control del partido oligárquico de Cartago. Sin embargo, tan prometedor inicio no podía hacer preveer a nadie lo mucho que iba a perjudicar Hannón los intereses de su patria, ya que desde el mismo instante en que se enriqueció, ya sólo pensó en él mismo y en como conservar su riqueza.



Decidido a mantener su fortuna, se opuso a la Primera Guerra Púnica contra Roma, ya que no tenía ningún interés comercial en el mar, dado que sus riquezas provenían de sus grandes posesiones terratenientes en África. No supo ver, que la pérdida del control marítimo en favor de Roma, sólo podía ser perjudicial para su patria.

Amílcar Barca, padre de Aníbal, consiguió muchos éxitos contra los romanos, sin embargo, Hannón conspiró desde la sombra para finalmente conseguir que se desmontase la flota cartaginesa, que costaba muchísimo dinero a las arcas de la ciudad, lo que propiciaría la derrota de Cartago tres años después.


La Flota Cartaginesa

No contento con esto, se negó a pagar a las tropas mercenarias que habían luchado con Amílcar Barca, por lo que estalló una sublevación a que fue incapaz de sofocar. Acudió entonces al general que al que tanto había perjudicado, Amílcar Barca, que una vez mas demostró su valía y derrotó a los sublevados.


Hannón el Grande anunciando que no hay dinero para los mercenarios

Empeñado como estaba en conservar su fortuna, encabezó la facción pro-romana durante la Segunda Guerra Púnica, y su avaricia le llevó a negar los refuerzos que tanto necesitaba Aníbal, tras su aplastante victoria sobre los romanos en la batalla de Cannas.


Batalla de Cannas

Cuando Aníbal fue finalmente derrotado en la batalla de Zama, Hannón, como no, encabezó la comisión del Senado de Cartago encargada de firmar la paz con Roma.

Aníbal intentó vengarse cuando fue elegido sufete, promulgando toda una serie de leyes que perjudicaban claramente a Hannón, pero éste se las ingenió para agitar a los oligarcas cartagineses, que veían con temor las reformas democráticas que estaba emprendiendo Aníbal, consiguiendo que Aníbal fuese desterrado de la ciudad y perseguido por los romanos.

miércoles, 8 de octubre de 2014

El Hombre que Puede Haber Tenido una Buena Idea





¿Por qué la Iglesia cristiana temprana estaba tan enamorada del Antiguo Testamento como para adoptarlo como escritura sagrada? Hubo un hombre que les advirtió contra ello.
¿Su misión? Refutar la ley judía y a los judaizantes dentro de la Iglesia.
Por Richard Edmondson..
Él era natural de Sínope, una ciudad predominantemente griega y un centro comercial importante en la orilla Sur del Mar Negro. Él vivió aproximadamente de 85 a 160 d.C., y durante su vida él fundó una iglesia que creció astronómicamente en prominencia, que tuvo una influencia poderosa en el desarrollo del cristianismo temprano, y que durante varios siglos terminaría por rivalizar con la Iglesia Católica. Su nombre era Marción. Y vale la pena reflexionar sobre cuán diferente el mundo sería hoy si la Iglesia Marcionita, en vez de la Iglesia Católica, hubiera prevalecido y se hubiera convertido en la corriente dominante del cristianismo. En primer lugar, podemos conjeturar casi sin duda que el Estado de Israel nunca hubiera sido fundado en 1948.


Marción, usted ve, estaba profundamente opuesto a los que él se refería como "judaizantes" en la temprana Iglesia cristiana, y abogaba por una Bibliacristiana totalmente carente de cualquier parte del Antiguo Testamento, consistiendo ésta únicamente en el Evangelio de Lucas y las cartas de Pablo. Con asombrosa presciencia, él parece haber comprendido instintivamente los escollos que esperaban a la nueva fe si debiera ésta tratar de reconciliar y contrabalancear al dios vengativo del Antiguo Testamento con el dios de amor y compasión enseñado por Cristo, escollos que en efecto lograron impulsar a la Iglesia varias veces durante los siglos pero que se hicieron tan manifiestamente notorios en la segunda mitad del siglo XX que hoy encontramos al cristianismo hundido en un mar de irrelevancia, inseguro incluso en cuanto a lo que sostiene, con gente abandonando la fe en tropel.


Y cuando usted realmente se detiene a pensar en ello, las contradicciones son tan obvias que ellas parecerían casi insuperables: el dios cristiano versusel dios judío; el dios de amor versus uno de ira y venganza; un dios cuyo amor por la Humanidad es universal versus un dios parcial y muy selectivo que favorece a un pueblo sobre todos los demás. Éstas son aberraciones que nosotros difícilmente cuestionamos hoy, pero tenemos que recordar que en el siglo II las cosas eran muy diferentes. No había tal cosa como una establecida ala "ortodoxa" del cristianismo. Lo que era "ortodoxo" y lo que era "heterodoxo" estaba todavía muy en el aire. Muchas personas no podían adoptar, ni lo harían, tales incongruencias en sus opiniones acerca de Dios, y ésta era la gente que afluía a las iglesias de Marción, por miles, y posiblemente por millones.



La erudición moderna acerca de la temprana época cristiana está corrompida hasta cierto punto por lo que se ha denominado como "erudición bíblica post-Holocausto". Esto se refleja en el hecho de que los académicos hoy tienen una tendencia a ver a Marción como un "anti-semita". Sin embargo, la opinión predominante de él sostenida por eruditos de los siglos XIX y comienzos del XX era completamente diferente. En este ensayo confiaré en lo principal en dos fuentes: Marcion: The Gospel of the Alien God, de Adolf von Harnack (1851-1930), y Lost Christianities: The Battles for Scriptures and the Faiths We Never Knew, de Bart D. Ehrman (1955).


Nacido en 1851, Harnack fue un erudito alemán, que enseñó en varias universidades, incluyendo la Universidad de Berlín. Su libro sobre Marción, publicado en 1920, permanece como un clásico hoy, y es incluso citado por Ehrman (quien no cita de él directamente sino que se refiere a ello en una nota a pie de página). Este último es un profesor de estudios religiosos en la Universidad de Carolina del Norte que ha escrito varios libros acerca del cristianismo y que es considerado como uno de los principales eruditos en elNuevo Testamento hoy. Ehrman no usa expresamente la palabra "anti-semita", pero él describe realmente a la Iglesia Marcionita como "anti-judía", y afirma que Marción mismo "parece haber odiado a los judíos y todo lo judío". Harnack, por su parte, en efecto reconoce que Marción emprendió una lucha de toda la vida contra los "pseudoapostoli et Judaici evangelizatores", pero esto fue porque la doctrina que ellos proponían, en opinión de Marción,"consideraba a la ley (judía) y al evangelio como una unidad, y de ese modo negaron la esencia del evangelio. Donde la separación era esencial, ¡ellos juntaron las cosas!".


Además, dice Harnack, Marción tomó "la obra y la lucha de Pablo", quien había "abolido la validez de la ley del Antiguo Testamento". Marción, por consiguiente, vio sólo en Cristo "la cara del Dios de la gracia", sabiéndose él mismo "inseparablemente ligado a este Dios de bondad y misericordia en fe y amor". Pero este dios de bondad tiene que ser repetidamente enfatizado, porque sin duda no era el dios del Antiguo Testamento: a aquel dios Marción lo rechazó completamente.



En este ensayo me concentraré no sólo en Marción, sus creencias, y la iglesia que él fundó, sino que también intentaré proporcionar un estudio comparativo del tratamiento que hacen de Marción los dos eruditos en cuestión, uno del pasado, otro del presente. Las Creencias Básicas de Marción: Dos Dioses



Para la mente occidental moderna, la idea de que pudieran existir dos dioses, a diferencia de sólo uno, y de que gran cantidad de personas realmente pudiera mantener y abrazar tal opinión, probablemente parece un poco extraña. Pero, nuevamente, así ocurrió en el tiempo del siglo II, cuando los griegos y los romanos adoraban a múltiples dioses, y la noción de dosdioses no era más difícil de aceptar entonces que lo sería hoy la idea deningún dios en absoluto. Por lo menos, éste es el aspecto más fundamental del sistema de creencias de Marción que usted tiene que entender: que había dos dioses impulsando y conformando los acontecimientos en un grado u otro. Uno era un dios punitivo, pequeño y cruel, que presidía sobre un mundo corrupto. Éste era el dios del Antiguo Testamento, aludido por los marcionitas como el "Dios Creador" (pero su "creación" era un mundo que estaba lejos de ser perfecto en la opinión de ellos). Al otro dios, Marción lo veía como un Redentor, un dios de amor, misericordia, verdad y compasión. Éste era el dios de Cristo. Marción se refirió a él como el "Dios Extraño" (Alien God), "extraño" en el sentido de que antes de la aparición de Cristo en la Tierra había sidodesconocido para la Humanidad.


Uno de los dichos de Jesús en que Marción parece especialmente haberse concentrado fue su enseñanza sobre los dos árboles y sus respectivos frutos. Harnack lo pone de esta manera:


«Cuando él (Jesús) habló de los dos árboles, el corrupto y el bueno, que son capaces de producir frutos sólo como son dados por su propia naturaleza, él puede estar aludiendo por lo tanto sólo a los dos grandes autores divinos, el dios del Antiguo Testamento, que crea solamente cosas malas y sin valor, y el Padre de Jesucristo, que produce exclusivamente lo que es bueno. Cuando él prohíbe la colocación de un nuevo remiendo en una ropa vieja y el poner el vino nuevo en odres viejos, él de este modo prohíbe estrictamente a su gente vincular de cualquier modo su predicación con la delAntiguo Testamento» (Harnack, Adolf, Marcion: The Gospel of the Alien God, Wipf & Stock Publishers, Oregon, 1990, p. 22). En otras palabras, el dios del Antiguo Testamento y el dios de Jesús no eran simplemente deidades separadas: ellas eran deidades que eran, al menos en un grado sustancial, antitéticas una de otra.



El otro gran esfuerzo literario de Marción no fue un trabajo de su propia composición sino más bien un canon de otras obras, aquellas que él consideraba como sagradas y divinamente inspiradas. Y aquí se tiene que mencionar que a Marción se le da el crédito de ser el primer cristiano en establecer un canon del Nuevo Testamento. Desde luego éste no fue el mismo canon que sería oficialmente adoptado más tarde por la Iglesia Católica; éste consistía únicamente en el Evangelio de Lucas y las cartas de Pablo. Pero es un testimonio de su influencia sobre el cristianismo temprano el que sus enemigos tomaran sus ideas y construyeran sobre ellas, y sí, Marción tuvorealmente enemigos. Él fue etiquetado muchísimo como un "hereje" por aquellos que conformaban lo que más tarde vino a ser el ala "ortodoxa" de la Iglesia.


Otra cosa sobre el canon de Marción que tiene que ser tenida muy presente: Marción rechazó totalmente la aseveración de que Cristo había venido de algún modo para dar cumplimiento a la ley y los profetas. Estas y otras afirmaciones similares encontradas en los Evangelios eran corrupciones, él creía, añadidas más tarde por los judaizantes dentro de la Iglesia. Igualmente, él pensaba que ciertos pasajes dentro de las cartas de Pablo habían sido sometidas probablemente a un tratamiento similar. Así, él no sólo se veía a sí mismo como un crítico sino también como un "restaurador", como Harnack lo describe. En otras palabras, su canon se convirtió en lo que casi se podría considerar en su conjunto como una nueva Biblia, que consistía en las cartas paulinas y un Evangelio de Lucas que habían sido sometidos a revisiones y enmiendas en las cuales Marción los presentaba en lo que él creía que eran, o debían haber sido, sus estados originales, algo aprovechado por sus críticos, que denunciaron sus correcciones como nada más que "adulteraciones". Para el público que iba a la Iglesia esto no pareció importar. Ellos se congregaron tras la bandera de Marción por multitudes, lo que provocó que sus críticos experimentaran posteriores ataques de apoplejía. El apologista cristiano temprano Justino Martir, un contemporáneo de Marción, se quejó de que las enseñanzas del hereje se estaban extendiendo entre"mucha gente de cada nación" (Primera Apología, 26) Un par de otras cosas tienen que ser dichas sobre las creencias básicas de Marción: primero, que él fue un docetista, lo que ha conducido a algunos eruditos a agruparlo con los gnósticos, algunos de los cuales en efecto se suscribieron realmente al docetismo. Entonces ¿qué es el docetismo? Es la opinión de que Cristo no tenía un cuerpo verdadero, material, y que él sóloparecía ser un humano. La carne humana, creada como lo fue por el Dios Creador, era intrínsecamente sucia, algo que hasta el Dios Creador mismo había llegado a reconocer, o como Harnack dice, "Incluso en la mente de su creador el hombre es una creación estropeada, un monstruo". Para Marción, esto no podía, de ningún modo, describir a Jesús.



La otra cosa que tiene que ser entendida es la devoción de Marción por el apóstol Pablo. Mientras Cristo en efecto escogió realmente a los doce discípulos originales, ellos habían fallado en entender su verdadero mensaje. ¿Por qué? En gran parte porque ellos eran seguidores del dios judío, un factor que obstaculizó su capacidad para comprender las verdaderas enseñanzas de Jesús. Con la resurrección, ellos finalmente parecieron haberlas entendido, y durante un tiempo en efecto parecieron puestas sobre un camino digno de confianza, pero con el tiempo la "identidad judía" de ellos (como podríamos referirnos a ella hoy) se reafirmó y comenzaron a ceder en cuestiones como la adhesión a la ley judía. Así, para que ellos no arruinaran las cosas completamente, tuvieron que llamar especialmente a Pablo. ¿Su misión? Refutar la ley judía y a los judaizantes dentro de la Iglesia.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Defensa de la Inquisicion

Ciertamente, Jesucristo era tolerante con los pecadores, pero mostró implacable severidad hacia los herejes de su tiempo, es decir, con los fariseos. Los supuestos horrores de la Inquisición generalmente encabezan la lista de argumentos de los enemigos de la Iglesia, la leyenda negra de la Inquisición ha impregnado nuestras mentes a tal punto, que hoy, la mayoría de los católicos es incapaz de defender esta época de la historia de la Iglesia, no obstante, los estudios históricos más serios han reconocido que la Inquisición era un tribunal honesto, el cual buscó convertir a los herejes más que castigarlos; condenó a relativamente pocas personas a la hoguera y sólo empleaba la tortura en casos excepcionales. En el mejor de los casos, estos católicos la justifican invocando peores barbaridades que suceden en nuestra “iluminada” época, pero es más frecuente que muchos se unan al coro de anticlericales. Sin embargo, los santos quienes vivieron en la época de la Inquisición nunca la criticaron, excepto para quejarse que ésta no reprimía suficientemente la herejía. El Santo Oficio revisó los escritos espirituales de Santa Teresa de Ávila, para verificar si no eran parte de un caso de falso misticismo, ya que en ese tiempo hubo muchos casos de falsos místicos entre los “Alumbrados” de España. Muy lejos de ver esto como un sistema de intolerancia, Santa Teresa confió con tranquilidad en el juicio del tribunal, el cual, de hecho, no encontró nada sospechoso en sus escritos. Ahora, los santos nunca fueron temerosos para denunciar los abusos del clero, por supuesto, esta era una de sus principales funciones. ¿Cómo se considerará el hecho que la Iglesia ha canonizado a no menos de cuatro Gran Inquisidores: Pedro Mártir (murió en 1252), Juan de Capistrano (murió en 1456), Pedro de Arbués (murió en 1485) y Pío V (murió en 1572)? Santo Domingo (m. 1221) por supuesto ha sido asociado al tribunal de la Inquisición como representante papal. Sin embargo, el mito difamatorio de la Inquisición todavía circula en la opinión pública. Voltaire dijo que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Pero la razón fundamental de la persistencia de este mito parece ser este: Uno puede trabajar en vano en demostrar que la Inquisición no era tan terrible como se cree que fue, esto no convencerá a las mentes modernas, ya que su principio de intolerancia religiosa es inaceptable hoy. Así que, para entender el acontecimiento histórico de la Inquisición uno debe entender la doctrina tradicional de la Iglesia sobre libertad religiosa.
La doctrina del Syllabus reconoció para la Iglesia y para el Estado un poder de restricción o coacción en materia de religión y estaba en armonía con la tradición católica. El Papa león X (1513-1521) específicamente condenó las proposiciones de Martín Lutero, las cuales afirmaban que la Iglesia no tenía el derecho de quemar herejes. Belarmino y Suárez también defienden el derecho de la Iglesia para imponer la pena de muerte, con la condición de que la sentencia sea ejecutada por el poder secular, es decir, por el Estado. Santo Tomás de Aquino apoyó el uso de esta limitación, incluso física, para combatir la herejía. San Agustín apeló a la autoridad imperial (romana) para suprimir el cisma donatista por la fuerza. En el Antiguo Testamento se castigó a los idólatras y blasfemos con la muerte. 
Los partidarios de la libertad religiosa [del CVII] siempre invocan la tolerancia y la caridad evangélica como opuestas a la doctrina tradicional de la Iglesia en su tarea de no tolerar las falsas religiones. Esta oposición es, sin embargo, un mero sofisma. Ciertamente, Nuestro Señor Jesucristo era tolerante con los pecadores, pero mostró implacable severidad hacia los herejes de su tiempo, es decir, con los fariseos. Los modernistas evitan citar los pasajes del Evangelio que muestran esta inflexibilidad divina. ¿Acaso no es la condenación lo que se obtendrá por no creer (San Marcos XVI,16), una aflicción mucho más espantosa que cualquier castigo impuesto por tribunal humano? Inclusive San Juan prohíbe dar la bienvenida a los herejes (2 San Juan 10). San Pablo milagrosamente priva de la vista a Elimas, mago y falso profeta. San Pedro no vacila en castigar con la muerte a Ananías y Safira por robarle a la comunidad (Hechos V,1-11).

En el verdadero Evangelio no existe ningún ejemplo sobre moral y doctrina laxas y que los modernistas califican como “tolerancia” y “libertad de conciencia”. Jesucristo era paciente y misericordioso con los pecadores arrepentidos, pero Él nunca le reconoció derechos a los errores y expuso y condenó públicamente a quienes con obstinación propagaban errores. La Inquisición adoptó esta actitud hacia los herejes.

viernes, 1 de agosto de 2014

El mal Samaritano

El Mal Samaritano:
Detrás de las Mentiras y Encubrimientos
acerca del Hombre Considerado como Dios
por Lynn Picknett y Clive Prince
1º de Agosto de 2008.
La rivalidad alcanzó un punto culminante cuando, aproximadamente dos siglos antes de Jesús, los judíos conquistaron Samaria y destruyeron su templo, otra razón para el resentimiento de los samaritanos. Fue sólo con el advenimiento del dominio romano que Samaria fue liberada de la subyugación judía.
Pero de los muchos enigmas que rodean a Jesús, quizás el más fundamental es el choque entre los elementos judíos y paganos en su misión.




Ciertos pasajes del Nuevo Testamento son inequívocamente nacionalistas judíos recalcitrantes, como la reclamación de Jesús del título de Mesías, un papel que (a pesar de la redefinición posterior hecha por los cristianos) sólo tiene sentido en términos judíos. El Mesías —el "Ungido", en griego "Christos"— debía ser el gran redentor, que reuniría y conduciría a las doce tribus de Israel para echar a los romanos, antes de cumplir finalmente la promesa de Dios de extender su dominio a todas las otras naciones.




Por supuesto, Jesús claramente dejó de cumplir aquel papel. Desde la perspectiva de los judíos, él consiguió exactamente lo contrario, engendrando una religión que, en su nombre, los sometió a siglos de subyugación. Por eso sus embrutecidos seguidores tempranos cambiaron el énfasis entero del "Mesías", con Pablo iniciando el nuevo giro con la noción que ha sostenido al cristianismo desde entonces: en vez de ser un líder militar judío puro y duro, el nuevo Mesías era un dios-hombre cuya muerte redentora y su resurrección ofrecían la vida eterna a todos los que lo aceptaran, sin tener en cuenta sus antecedentes étnicos o religiosos.




Pero los redactores de los evangelios aún así aseguraban que Jesús estaba asociado con las viejas profecías del Mesías, tales como la entrada en Jerusalén montado en un burro, que era una declaración inequívoca de la calidad de Mesías. Incluso aunque en la época de los evangelios el movimiento cristiano ya había adoptado la doctrina de Pablo de que el mensaje era para toda la Humanidad, la evidencia interna muestra claramente que Jesús mismo tuvo la intención de confinar las "Buenas Nuevas" al pueblo de Israel. Vemos esto en el relato de Jesús y la mujer siro-fenicia en el Evangelio de Marcos, donde al principio él rechaza curar a su hija poseída porque ella no pertenecía al pueblo elegido —incluso llamándola "perro", el término racista usado por los judíos para referirse a los gentiles—, sólo cambiando de opinión cuando ella implícitamente reconoce la superioridad del dios de él. Como varios eruditos admiten, dado que esto contradice la propia posición del redactor del evangelio, debe de ser auténtico.






Por otra parte, algunos pasajes bíblicos son difíciles de hacer equivalentes con el judaísmo, sobre todo aquellos acerca de los rituales más privados de Jesús, siendo el más obvio la Eucaristía, la comida simbólica de su "cuerpo" como pan, y la bebida de su "sangre" como vino, que él supuestamente estableció en la Última Cena. Tal rito, incluso simbólicamente, era impensable para un judío, para quien ingerir la sangre humana era una abominación. De hecho, ello se entiende de manera mucho más nítida en los cultos de Misterio de romanos, griegos y egipcios, donde los dioses eran simbólicamente devorados para forjar una comunión espiritual entre el miembro del culto y la deidad. La importación de tales prácticas en el judaísmo habría sido considerada por la corriente predominante como algo blasfemo. También se ha acumulado evidencia durante las últimas décadas en cuanto a que Jesús modeló sus sanaciones y exorcismos a partir de los magos paganos, principalmente de Egipto, haciéndose eco de —o quizás confirmando— lo que los antiguos judíos afirmaban: que él había sido enseñado en la hechicería en Egipto. Y si los suprimidos "Evangelios gnósticos" son aceptados como representando genuinamente ciertos aspectos de las creencias y enseñanza de Jesús —como nosotros lo hacemos—, entonces ellos, también, muestran un pensamiento no obviamente asociado con el judaísmo de su tiempo, sobre todo con lo que tiene que ver con la espiritualidad de lo femenino, como queda ejemplificado en su relación con María Magdalena.






La mayoría de los estudiosos del Nuevo Testamento simplemente rechaza las partes no-judías de los evangelios como falsas, argumentando que la Eucaristía fue inventada por los apóstoles de la nueva religión —Pablo otra vez— para hacerla más asequible a los gentiles, algo familiar en las sectas que celebraban a los dioses salvadores que morían y resucitaban y que se encarnaban como un hombre mortal. Los eruditos suponen que esto fue tomado prestado de alguno de los muchos de tales cultos, quizás del de Mitra o el de Dioniso, y que fue aplicado a la comida que los primeros seguidores de Jesús realizaban simplemente en memoria de él (sin ninguna connotación mística).




Pero en realidad no hay ninguna razón para rechazar esos pasajes, a pesar de la imposibilidad de hacerlos calzar en un contexto judío. Lo lógico es que, ya que sabemos que Jesús era judío, y ningún judío podría probablemente haber realizado tales prácticas, entonces él no podría haber hecho eso, y por lo tanto ellas deben ser invenciones posteriores.




Sin embargo, la evidencia simplemente no está allí. Es difícil imaginar a seguidores posteriores inventando a un Jesús usando la magia pagana con tal detalle, incluyendo frases específicas encontradas en papiros mágicos greco-egipcios más tempranos. Y la evidencia interna del Nuevo Testamento mismo señala a la Eucaristía como una de las prácticas cristianas más tempranas, que se remontaba a Jesús mismo. Éste es el único elemento que aparece prácticamente idéntico en los cuatro evangelios y en las Cartas de Pablo. (En general se acepta que las Cartas de Pablo preceden a los Evangelios, aunque podríamos argumentar que el Evangelio de Marcos podría ser contemporáneo de algunos escritos de Pablo). Más raro aún, como Pablo claramente luchó para acomodar la Eucaristía en su versión "revelada" de la misión de Jesús, evidentemente él habría sido incluso más feliz si hubiera ignorado completamente el rito, pero ya estaba demasiado bien establecido. Su solución fue transmutar el rito en una ceremonia conmemorativa, específicamente para esquivar el aspecto de "comunión". Entonces, irónicamente, la evidencia apunta al revés exacto de la posición convencional: en vez de que Pablo añadiera el elemento de la "comunión mística", él trató de deshacerse de ello.






Parte del proceso cristiano de redefinición del significado de la comida ritual fue vincularlo a la Última Cena la noche antes de su crucifixión. Sin embargo, la evidencia del Evangelio de Juan es que Jesús realmente había instituído el rito antes, cuando él predicaba en Galilea, lo que condujo a una deserción masiva de discípulos horrorizados por su prescripción de que ellos debían beber su sangre.




Debe enfatizarse que tales prácticas no son simplemente difíciles de reconciliar con el judaísmo —como un aspirante a Mesías tenía que ser— sino imposibles. Ambas prácticas son totalmente incompatibles.




De este modo, según algunos eruditos están comenzando ahora a argumentar, ¿podrían ser las partes judías las inventadas?. Pero aquella solución no funciona tampoco, ya que esto significa rechazar pasajes que son fuertemente evidenciales, como el episodio de la mujer siro-fenicia y la entrada en Jerusalén.




De manera que llegamos a un callejón sin salida. Según el pensamiento aceptado, Jesús nunca pudo haber sido tanto un líder judío como un defensor de los ritos de las escuelas de Misterio. ¿Hay alguna solución posible?. 
Hace su Aparición el Mago




Un potencial camino de salida, hemos comprendido —con algún asombro— que está en la exploración del paralelismo entre Jesús y aquel llamativo chico malo bíblico, el enormemente poco convencional contemporáneo de Jesús, Simón el Mago, cuyo mismo nombre recalca sus credenciales aparentemente paganas, significando la palabra "Mago", un "ocultista" o un "hechicero".




La referencia más temprana a Simón el Mago (o Simón de Gitta, llamado así por su ciudad de nacimiento en Samaria) aparece en los Hechos de los Apóstoles, la continuación del Evangelio de Lucas que retoma la historia después de la crucifixión de Jesús. Después de la primera persecución a los seguidores de Jesús en Jerusalén, que comenzó con el apedreo del primer mártir cristiano, Esteban, algunos de los discípulos de Jesús, conducidos por Felipe, huyeron a Samaria. Esto ocurrió, como máximo, diez años después de la crucifixión, probablemente menos. Allí ellos encontraron que muchos samaritanos seguían a Simón el Mago, considerado como el "Gran Poder" enviado por Dios. Felipe no sólo convirtió con éxito a los seguidores de Simón al cristianismo, sino también al Mago mismo. Después de un tiempo, Pedro y el discípulo Juan van a Samaria para llevar el Espíritu Santo a la comunidad establecida por Felipe, y Simón el Mago revela sus verdaderos colores ofreciéndoles dinero por el secreto del Espíritu Santo, ganándose una severa condena por parte de Pedro.




Claramente, ya que los simonitas encontraron muy fácil cambiar su lealtad, debe haber habido una marcada similitud entre los mensajes de Jesús y del Mago. Y Simón mismo fue, aunque brevemente, alguna vez un miembro de la comunidad cristiana en Samaria. Aunque el libro de los Hechos atribuya su éxito allí a la hechicería, mientras ahora sabemos que Jesús mismo se complacía en la magia pagana, en verdad esto apunta a una semejanza entre ellos. Aunque la historia de Hechos finaliza con Simón pidiendo perdón, otras fuentes cristianas tempranas muestran que él siguió desafiando al novato movimiento de Jesús, apareciendo en las escrituras de los Padres de la Iglesia como el "primer hereje" que intentó pervertir a los primeros cristianos. Nuevamente, el término sugiere una similitud básica entre Simón y Jesús, siendo la herejía una variación de una religión.






Una fuente principal son los textos relacionados conocidos como la literatura Clementina o pseudo-Clementina. Escritos alrededor de 150 d.C., pero usando material más antiguo, describen la lucha entre Pedro y Simón el Mago por los corazones, mentes y almas de los samaritanos.




Es muy evidente que el gran problema de los Padres de la Iglesia era que Simón el Mago era por lejos demasiado similar a Jesús, realizando milagros y sanaciones, incluso siendo considerado como un dios encarnado. Los primeros cristianos estaban ansiosos de señalar a su rebaño que, aunque Simón pareciera haber sido cortado de la misma tela que Jesús, esto era una estratagema del Diablo para sembrar la confusión. Epifanio de Salamina escribió que Simón "trabajó bajo la capa de Cristo", e incluso insinuó que él afirmó ser Jesús resucitado. Hipólito de Roma dijo sin rodeos: "Él no era el Cristo". Pero ¿protestan ellos realmente demasiado?.




El Mago también promovió una mezcla aparentemente peculiar de ideas judías y paganas. Los escritos clementinos hacen la declaración al parecer extraordinaria de que, mientras Simón enseñaba que había "muchos dioses", él citaba los libros de Moisés (es decir, el Pentateuco, los cinco primeros libros delAntiguo Testamento). Esto parecía tan extraño que los textos clementinos fueron descartados como tonterías; pero en 1842 se descubrió una obra de Hipólito en la cual él había incluído (a fin de señalar los errores) grandes extractos del propio tratado de Simón, la "Gran Revelación", cuya existencia alguna vez fue conocida, pero que se creía que se había perdido.




La "Gran Revelación" revela una elevación de lo sagrado femenino y un énfasis en el misticismo sexual que calza a duras penas con el carácter patriarcal del judaísmo, y que causó mucha indignación entre los Padres de la Iglesia, para quienes los rituales de Simón eran obscenos y ofensivos. Notablemente, se dice que él viajaba con una tal Helena, una antigua prostituta de la ciudad de Tiro, descrita como una mujer de raza negra que bailaba encadenada, y de quien él afirmaba que era la encarnación del "Primer Pensamiento de Dios", el poder femenino mediante el cual Dios había creado el mundo material. (Por supuesto, existen intrigantes paralelismos entre la relación de Simón y Helena, y la de Jesús y María Magdalena, como aparece descrita en los Evangelios gnósticos). 
Hay, de hecho, una fuerte evidencia de que el enigmático Evangelio de Juanfue originalmente escrito para una temprana comunidad cristiana samaritana, lo que explicaría su opinión positiva de los samaritanos. Por ejemplo, describe a la primera persona a quien Jesús decide revelar su mesianidad como la mujer samaritana que estaba en el Pozo de Jacob, en el corazón de Samaria, y los primeros en reconocerlo como el Mesías son samaritanos. Sugerimos que fue escrito para samaritanos convertidos que habían seguido a Simón el Mago; después de todo, algunas singulares historias del evangelio, en particular aquellas que tienen un inesperado sub-texto sexual, parecen haber sido expresamente incluídas (o concebidas) para menoscabar las enseñanzas de Simón.




La figura clave de Juan el Bautista fue también activa en Samaria. Según elEvangelio de Juan, uno de sus centros fue Aenon (el moderno Ainûn), en Samaria.




De este modo, Jesús y Juan el Bautista emprendieron ambos sus misiones en Samaria, otro paralelismo con Simón el Mago. ¿Pero qué hay sobre aquella tierra que explica la paradoja judía/pagana tanto de las enseñanzas de Jesús como de Simón?.




La clave está en la razón de la animosidad entre judíos y samaritanos, que tenía sus raíces en los días más tempranos de Israel. Los samaritanos descendían de las tribus israelitas de Efraín y Manasés, y todavía habitaban sus tierras, entre Judea y Galilea. Originalmente, Efraín era predominante: el sucesor de Moisés y conquistador de la Tierra Prometida, Josué, era de Efraín, y a dicha tribu se le dio el honor de ser los guardianes del Arca de la Alianza en su santuario en Shiloh. Algunos historiadores y arqueólogos creen que Efraín y Manasés eran dos de sólo tres tribus (siendo la otra Benjamín) que salieron de Egipto, siendo las demás cananeos nativos que fueron convertidos a la religión de Moisés. Y de manera intrigante, la leyenda los vinculaba con la religión egipcia de Heliópolis, ya que sus progenitores, Efraín y Manasés, eran hijos de José y Asenath, la hija del sumo sacerdote de Heliópolis. Después de la creación del reino de Israel se desarrolló una lucha por el poder entre las tribus de Efraín y Judá. El rey David usurpó el estatus de Efraín llevando el Arca a Jerusalén, el nuevo centro religioso en territorio de Judá. Después de Salomón, el reino se dividió en dos, encabezando Efraín las diez tribus del reino más grande de Israel en el Norte, junto al reino más pequeño de Judá (que dio su nombre al pueblo judío y a su religión) en el Sur. Un nuevo santuario y templo, un rival de Jerusalén, fue construído en la tierra de Efraín en el monte Gerizim.






Aunque más grande y más poderoso, el reino del Norte sufrió un colapso cuando fue invadido por el Imperio asirio en el siglo VIII a.C. Los judíos más tarde afirmaron que la influencia asiria había corrompido la religión del Norte, un insulto que fue devuelto cuando Judá experimentó su propio trauma de invasión y deportación masiva en el Cautiverio babilónico dos siglos más tarde. Cuando los judíos retornaron a Jerusalén después de su exilio de 70 años, ellos empezaron a codificar y reformar su religión, incorporando conceptos de la religión de Babilonia. Así, tanto los judíos como los samaritanos creían que sólo ellos practicaban la religión "pura" de Moisés, y que la versión del otro era herética. La historia de los vencedores decidió que los judíos ganaron, pero los samaritanos podrían haber tenido razón...






La rivalidad alcanzó un punto culminante cuando, aproximadamente dos siglos antes de Jesús, los judíos conquistaron Samaria y destruyeron su templo, otra razón para el resentimiento de los samaritanos. Fue sólo con el advenimiento del dominio romano que Samaria fue liberada de la subyugación judía.