viernes, 5 de octubre de 2012

Ley espartana


Esparta y su ley.


"¡Felices tiempos aquellos del pasado remoto en que un pueblo se decía a sí mismo: "¡Yo quiero ser el amo de otros pueblos!" Y es que, hermanos, lo mejor debe dominar y lo mejor quiere también dominar. Y allí donde se enseñe otra cosa es porque falta lo mejor." Nietzsche

Esparta fue la primera reacción masiva contra la inevitable decadencia traída por la comodidad de la civilización, y como tal, hay mucho que aprender de ella en esta época de degradación biológica y moral inducida por la sociedad tecnológica. Los espartanos supieron adelantarse milimétricamente a todos los vicios producidos por la civilización, y haciéndolo, se colocaron en lo alto de la pirámide del poder. Todas las actuales tradiciones militares de élite son, en cierto modo, herederas de lo que se llevó a cabo en Esparta, y ello nos señala la pervivencia de la misión espartana.

Hoy en día nuestros adoctrinadores académicos enseñan vagamente que Esparta era un Estado militarista y brutal volcado completamente en el poder, y cuyo sistema de educación y entrenamiento era muy duro. Nos presentan a los espartanos, a grandes rasgos, como soldados eficientes, toscos y descerebrados, a los que "sólo les interesaba la guerra". Esto es un reflejo deliberadamente distorsionado de lo que realmente fueron, y se debe principalmente a lo que nos han contado algunos atenienses decadentes, aderezado con la mala fe de quienes manejan actualmente la información, que pretenden tergiversar la Historia para servir a intereses económicos y de otros tipos.

Los espartanos dejaron una huella espiritual indeleble. El simple hecho de que aún hoy en día el adjetivo "espartano" designe cualidades de dureza, severidad, tosquedad, resistencia, estoicismo y disciplina, nos da una idea del enorme papel que cumplió Esparta. Fue mucho más que un simple Estado: fue un arquetipo, fue la máxima exponente de la doctrina guerrera. Tras la fachada perfecta de hombres aguerridos y mujeres atléticas se escondía el pueblo más religioso, disciplinado y ascético de toda Grecia, que cultivaba la sabiduría de un modo discreto y lacónico, lejos del ajetreo y la chabacanería urbana que ya entonces habían hecho su aparición.

"Si tuviera que elegir un lema, sería éste: "Duro, puro, seguro", —en otras palabras: inalterable. Este sería el ideal de los fuertes, a quienes nadie abate, nada corrompe, nada hace cambiar; de los que se puede esperar la unión con lo eterno, porque su vida es orden y fidelidad." Savitri Devi

«Los espartanos actuaron con vistas a la transmisión de los patrimonios hereditarios humanos y a la preservación de la consistencia del estrato señorial. De la obra de Plutarco sobre Licurgo cabe inferir que Esparta poseyó una verdadera legislación eugenésica. Según la leyenda, fue Licurgo quien promulgó la constitución espartana con sus leyes eugenésicas, y quien antes de emprender un viaje hizo que los ciudadanos jurasen cambiar sus leyes antes de su regreso, pues de lo contrario se iría y no regresaría jamás. En realidad la constitución atribuida a Licurgo también preserva en sus leyes sobre eugenesia tradiciones indoeuropeas, perfeccionadas bajo las condiciones espar*tanas y que adquirieron fuerza de ley con el paso de los siglos».

"Confesemos pues, sin rodeos, de qué forma ha surgido siempre en la Tierra toda cultura superior: Unos hombres dotados de un carácter muy cercano a la naturaleza, bárbaros en todo el sentido terrible de la palabra, hombres de presa en posesión de una fuerza de voluntad y de una voluntad de poder aun intactos, se lanzaron sobre razas más débiles, más civilizadas, más pacíficas, dedicadas quizás al comercio o al pastoreo, o sobre antiguas culturas agotadas, cuya última fuerza vital se extinguía en brillantes fuegos artificiales en el ámbito del espíritu y de la corrupción. La casta aristocrática fue siempre en sus inicios la casta de los bárbaros: su supremacía no radicaba tanto en la fuerza física como en la psíquica. Eran hombres más enteros, lo que equivale a decir "bestias más enteras", en todos los sentidos." Nietzsche

"Vencer o morir".
"Mi escudo, mi espada y mi lanza, son mis únicos tesoros"
"Vuelve con el escudo o encima de él" (Eetam eepitás; literalmente "con esto o sobre esto" dicho al presentar el escudo al guerrero)
"Los espartanos no preguntan cuántos son los enemigos, sino dónde están".


Se me ocurrió un día que Esparta, aun estando entre los estados menos poblados, es sin duda la ciudad más poderosa y más célebre de Grecia, y me pregunté cómo había sucedido esto. Mas, cuando consideré las instituciones de los espartanos, dejé de preguntarme. (Jenofonte, "Constitución de los Lacedemonios")

El poder espartano no era una fría máquina burocrática que desconocía las pasiones y los impulsos. Era un ser espiritual que había echado raíces en el alma de cada espartano, que estaba vivo y que tenía una voluntad propia. Los líderes espartanos medían su calidad en cuanto a que eran capaces de ser dignos receptáculos y transmisores de tal voluntad, y ése precisamente era el objetivo de su entrenamiento y de su disciplina: convertirse en las herramientas por medio de las cuales el poder espartano, intangible pero irresistible, se materializaba sobre la Tierra y manifestaba su voluntad.

Toda la organización del poder espartano es tan singular y ejemplar que merece todo el reconocimiento posible.

"Toda felicidad en la Tierra está, amigos, en la lucha. Sí, para llegar a ser amigos es menester el humo de la pólvora. Tres veces están unidos los amigos: hermanos ante la miseria, iguales ante el enemigo, libres ante la muerte." Nietzsche

"Más sudor en tiempo de paz, menos sangre en tiempo de guerra." (Lema militar anglosajón)

La guerra para los espartanos era una auténtica fiesta, ya que durante las guerras, los mandos relajaban los aspectos más crudos de su sólida disciplina. Permitían que los soldados hermosearan sus armas, armaduras, ropas y cabelleras. Suavizaban la dureza de los ejercicios y permitían a sus hombres un régimen disciplinario menos severo en general, además de comidas más abundantes y completas. Como consecuencia, para ellos "la guerra era un descanso de la preparación para la guerra", como escribió Plutarco, y ello les hacía preferir subconscientemente la guerra que la paz.

Cada espartiata era un hoplita (palabra que proviene de hoplon, escudo), una formidable máquina de guerra, un arma de destrucción masiva, un soldado de élite de infantería, bien entrenado, y armado y equipado con lo mejor de su época —un peso aproximado de 30-36 kilos.

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