viernes, 4 de octubre de 2013

BOUDICA, La reina celta que desafió a Roma


Su nombre significaba victoria, también fue conocida como Buduica o por el nombre latinizado de Boadicea, es descrita como alta, de voz áspera y mirada feroz, cabello pelirrojo hasta la cadera, muy inteligente  poseía una inteligencia más grande que la que generalmente tienen las mujeres , vestía una túnica muy colorida y un manto grueso ajustado con un broche. Siempre usaba un grueso collar de oro, posiblemente un torque, aditamento que entre los pueblos celtas siempre significaba nobleza. Siempre que hablaba, sostenía una lanza con la mano para aterrorizar a cualquiera que la contemplase. Miembro de la predominante elite aristocrática de Icena, recibió una buena educación acorde a dicha posición social. Se casó con el rey de los icenos, Prasutagus, con quien tuvo sus dos únicas hijas.



Los icenos era una tribu de origen celta que se distribuía por la región de Anglia del Este actuales Norfolk y Suffolk. Eran aguerridos guerreros cuyas armaduras estaban remachadas en oro, peleaban desnudos y precedían sus ataques con trompetas. Combatían pintados de azul con glasto, que aparte de aterrorizar a los enemigos, las cualidades antisépticas del glasto ayudaban a prevenir la infección de las heridas. Al principio no fueron parte del territorio invadido por los romanos porque tuvieron el estatuto de aliados durante la conquista romana de Britania llevada a cabo porClaudio y sus generales en el año 43. Como todos los pueblos celtas, daban gran importancia a su independencia y hubo varios roces entre los romanos y los icenos anteriores al levantamiento del año 60, el más importante de los cuáles se verificó cuando el entonces gobernador de Britania, Publio Ostorio Escápula, los amenazó con desarmarlos.

Sin embargo, Prasutagus vivió una larga vida de riqueza. Pero había un problema y era que no tenía hijos varones y que, aunque la realeza pudiera pasar a sus hijas, sin embargo, no podía asegurar la independencia formal del Imperio; por eso se le ocurrió la idea de nombrar al emperador romano coheredero de su reino junto con sus dos hijas. Este tipo de testamentos eran habituales en la época romana pues se conseguía que, al menos durante al vida del rey cliente, se respetara un estatus de semi-independencia.

Debido a estos factores y a que la ley romana sólo permitía la herencia a través de la línea paterna, cuando Prasutagus murió, su idea de preservar su linaje fue ignorada y su reino fue anexionado como si hubiera sido conquistado. Las tierras y todos los bienes fueron confiscados y los nobles tratados como esclavos. Debido a que Prasutagus había vivido pidiendo prestado dinero a los romanos, al fallecer, todos sus súbditos quedaron ligados a esa deuda que la reina Boudica no podía pagar. Los romanos desencadenaron la violencia saqueando las aldeas y tomando esclavos como pago de la deuda. Boudica protestó amargamente, y después de todos sus esfuerzos, fue sacada del palacio, desnudada en público y azotada por haber incumplido el pago de la deuda. A continuación los oficiales y soldados romanos violaron a sus hijas, las herederas del reino. Lo que desató la furia incontenible de la reina.

En el año 60 d.C. o 61 d.C. mientras los romanos bajo el mando de su gobernadorCayo Suetonio Paulino estaban ocupados en una campaña contra la isla de Mona, refugio de britanos rebeldes y gran centro druídico, los desairados icenos junto a los trinovantes y otras tribus, convocadas por la reina Boudica, conspiraron para levantarse unidas contra los romanos, eligiendo a la misma Boudica como líder de las tribus. La reina usando métodos de adivinación realizó una ceremonia en la que extrajo de los pliegues de su vestimenta una liebre (animal sagrado para los britanos) liberándola. Interpretando la dirección en que corría la liebre invocó a Andraste, la diosa celta de la victoria, enardeciendo así aún más el ánimo de los insurrectos.

Con su liderazgo sobre varias tribus britanas, entre cien mil y doscientos treinta mil guerreros se unieron y avanzaron hacia la Castra de Camulodunum, fortaleza romana situada en la antigua capital de Trinovantia. Los habitantes locales, resentidos con los soldados romanos por erigir un templo a Claudio a sus expensas y hartos del maltrato continuo a que eran expuestos por los legionarios veteranos establecidos en la ciudad, no hicieron nada para defenderlos y sabotearon las obras de fortificación y defensa que levantaban los romanos ante la llegada del ejército rebelde. Los soldados veteranos, pidieron refuerzos al procurador Cato Deciano, que sólo envió 200 auxiliares militares.


El ejército de Boudica cayó sobre la ciudad y la destruyó, los últimos defensores romanos fueron sitiados en el templo durante dos días hasta que finalmente fueron exterminados. La legión IX Hispana, al mando de Petilio Cerial, fue enviada contra el ejército de Boudica en Camulodunum pero cayó en una emboscada de los rebeldes icenos, quienes los desbarataron por completo matando a dos mil quinientos legionarios.

Entonces Boudica se dirigió hacia Londinium. Suetonio Paulino logró llegar a la ciudad y una vez allí descubrió que el culpable de todo, el procurador Deciano, se había formado su propia opinión sobre las posibilidades del ejército romano y ya había tomado un barco con rumbo a la Galia. Londinium no estaba fortificada y no estaba preparada para la defensa militar. Este fue el motivo por el que el gobernador Suetonio, ante la imposibilidad de defender la ciudad y desoyendo las reclamaciones de sus habitantes pidiendo la presencia de las tropas romanas, se retiró, dejando que Boudica incendiara y matara en masa a gran parte de la población rezagada y dejada a su suerte por los soldados romanos. Los que se atrevieron a combatir fueron despedazados y sufrieron las muertes más atroces. Boudica y su ejército no dejaron ni a los animales de trabajo a salvo, que una vez usados para conducir a los vencidos a los lugares de sacrificio, eran también degollados.

Suetonio tampoco llegó a tiempo para defender Verulanium, ciudad que también fue arrasada por el ejército rebelde, matando sin compasión a sus habitantes, odiados por sus congéneres por su colaboracionismo para con el Imperio Romano. Por fortuna, muchos de ellos pudieron huir refugiándose cerca de los campamentos romanos. Tras estas derrotas, Roma contaba con unos setenta mil romanos y simpatizantes a manos del ejército de los icenos.

Tras las victorias conseguidas, Boudica y su ejército decidieron permanecer en Verulanium. Suetonio llamó entonces a todas las legiones disponibles, la XI Augusta, la XIV Germana y la XX Valeria Victroix, además de una serie de auxiliares adiestrados rápidamente. Sin embargo no se sabe bien el motivo la XI Augusta, que era la más veterana en combate no llegó a tiempo, pues su comandante Poenio Póstumo no respondió a la llamada de su superior. Con todas las legiones posibles bajo su mando, Suetonio presentó batalla. El ejército romano estaba en inferioridad numérica, el campo de batalla escogido por el gobernador romano era un terreno con un desfiladero con paredes en terrazas protegiendo sus flancos y una suave pendiente descendente delante de ellos, mientras que a sus espaldas tenían un espeso bosque. Esto implicaba que el ejército romano no podía ser flanqueado por los britanos, pero también implicaba que los romanos en caso de perder no podrían huir. Era el momento de vencer o morir.

Cada uno de los líderes arengó a sus soldados. Boudica por su lado, entre otras cosas, le gritó a su ejército que entonces era formado por doscientos mil efectivos: “... ganaremos esta batalla o moriremos! Eso es lo que yo, que soy mujer, me propongo hacer. Que los hombres vivan esclavos si lo desean .... Suetonio, a su vez exclamó:... no temáis su espíritu rebelde. Su audacia nace de su temeridad, pero sin las armas ni la disciplina ... Somos romanos y hemos conquistado el mundo gracias a nuestro valor...

Cuando la infantería britana se dispuso a avanzar, Suetonio mandó formar a la parte media de la infantería ligera haciéndola avanzar a paso rápido, formando así una cuña respaldada por la infantería pesada y los auxiliares. De la poderosa cuña brotaban las puntas de las lanzas que atravesaban el cuerpo de los desprotegidos icenos, que eran rematados después por las espadas romanas. Los icenos que esperaban un combate cuerpo a cuerpo, intentaron reorganizarse, pero mucho más indisciplinados y desordenados que los romanos, para cuando consiguieron organizarse en un grupo para atacar fueron sorprendidos por la caballería romana que los masacraba sin piedad.



La cuña romana llegó hasta los carros de los bárbaros, donde masacraron a las mujeres y niños, haciendo que los icenos se desmoralizaran y perdieran toda perspectiva de la batalla. Los romanos obtuvieron la victoria y persiguieron a los britanos que huían. En el campo de batalla quedaron los cuerpos de ochenta mil icenos y apenas cuatrocientos romanos. Boudica, tras esta derrota, para evitar ser atrapada por los romanos, se suicidó con veneno. No se conoce la suerte que corrieron sus hijas, pero probablemente murieron junto a ella. Según se cuenta, los rituales funerarios de Boudica fueron fastuosos y dignos de la gran guerrera que fue. Tal fue el grado de violencia que los romanos aplicaron, que durante los cuatro siglos siguientes, la provincia se mantuvo en paz. Incluso el emperador Nerón calificó de "muy duro" el castigo infligido a los celtas que lucharon en esa batalla.
Hoy en día se sigue desconociendo el paradero de su tumba, cosa que fomenta aún más su leyenda. Durante la Edad Media, la leyenda de Boudica fue casi olvidada, pero llegado el siglo XIX, fue recuperada y ensalzada. Los historiadores británicos recordaron que Boudica significaba “Victoria” con lo que la reina de los icenos compartía nombre con la reina Victoria, que gobernó un imperio más vasto incluso que el de Roma. Los británicos, olvidándose de los hábitos salvajes y las masacres y torturas ordenadas por la reina icena, la convirtieron en heroína nacional y en 1905, fue erigida una estatua de Boudica, triunfante subida en su carro. Esta estatua se alza junto al Támesis, frente al Parlamento británico, en Londres, la ciudad que convirtió en cenizas. La estatua fue erigida como símbolo del sentimiento de libertad del pueblo de Britania en un momento tan crucial para los moradores de la vieja Albión nombre con el que era conocida Britania.

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