martes, 22 de octubre de 2013

La gran guerra... por Dios.. por el Imperio ¡¡



La fe en su propia importancia que perdura entre los Habsburgo pesa como una losa sobre Austria y es la causa de su decadencia moral.
Princesa Catherine Radziwill



Memoria de Fritz Rosemberg, inteligencia austríaca.


La oficina ruge de emoción. Sarajevo ha sido cla oportunidad que esperabamos.

Olas de odio rasgan como un trueno la quietud de Viena, de Brünn, de Budapest. El emperador, no obstante no parece muy preocupado por la muerte de su heredero. De hecho la comidilla de la embajada es la expresión que derramó al enterarse:
un poder superior ha reestablecido el orden que yo...ay! no pude mantener.

Los pobres monos serbios no entienden que han eliminado a su más poderoso partidario, cierto que su difamatorio matrimonio había mancillado el honor de nuestro glorioso imperio, pero seguía siendo el sucesor.

El problema no es la actitud del pueblo, que desea masacrar a los serbios, es Francisco José quien no muestra las agallas suficientes que su mano divina nos guíe. Nuestro aliado el káiser ya ha demostrado todo su apoyo, quiere sangre, sangre para evitar la sangre. El poder del imperio ruso amenaza con engullirnos y aunque el zar sea un retrasado inútil, más de un millón de hombres lo compensan.

Las incesantes instancias al castigo ejemplar se responden con moderación y dudas, mientras que ingleses y franceses tiemblan ante la posible reacción del gigante eslavo, parecen claras sus posiciones.

El 4 de Julio la tensión diplomática se filtraba como la pólvora por el resto de embajadas de Europa, la opinión pública alemana clamaba desaforadamente por un castigo que todos deseamos. Pero también se palpaba lo flamígera de la situación, los alemanes comenzaban a impacientarse he tenido noticia de un mensaje del káiser que no dejaba espacio a la duda: "Cuanto antes se ataque Serbia mejor, habría sido mejor ayer que hoy y mejor hoy que mañana"

En los días siguientes seguimos recibiendo mensajes similares, seguimos recibiendo confirmaciones del apoyo alemán, y en la oficina damos gracias de que Hohenzollern haya decido partir a navegar por unas semanas; la euforia, el patriotismo generado, contrasta con la lentitud de movimientos que nuestro viejo jerarca lleva.

Las calles son una comidilla, pero también aquí entre los diplomáticos se cruzanconversaciones como dagas. El día 9 llegó a la embajada un informe inglés, en él se trataba de calmar a los eslavos y en él se podía leer la respuesta obvia:
Ante el despertar del sentimiento eslavo no se puede mantener la pasividad.

Mientras que los ingleses se preocupaban de hacernos llegar su actitud apaciguadora, para todos nosotros estaba claro que la actitud firme de Rusia era una declaración de guerra enmascarada. Los generales también lo saben aunque desde sus caballos, opinan que Rusia no participará.

El 21 de Julio Francisco José decidió enviar el ultimátum de sus ministros a Serbia, no sin remilgos. ¿De que sirve tener a Dios como ancestro, si no se tiene fuerza?

El documento más formidable jamas enviado por un estado a otro. Tuvo una rápida respuesta. Los serbios lo aceptaban, pero los rusos nos ponen la bota en el gaznate, con 13 divisiones en la frontera. Nuestros chicos están trabajando duro para conseguir esta información, aunque los rusos, no son precisamente discretos.

Conocemos que el gobierno serbio se retira a las provincias, hacen bien. Nuestro ejército se está movilizando por fin, pero los 3 días que se consideraban necesarios en su momento comienzan a alargarse.

De cualquier modo llegado el momento de olvidar los intereses personales, ha llegado el momento de luchar por nuestra patria, por Dios, por el Imperio, ha llegado el momento de la lucha.

Lo más impactante de todo, es que tras presionar durante días, el káiser, a la vuelta de sus vacaciones ha decidido, que Serbia a aceptado humillántemente el documento, que no es necesaria una intervención militar... ilusos, ya no son los grandes reyes del pasado, han iniciado un juego del que no pueden escapar, la maquinaria está en marcha, el odio desbocado y la guerra en marcha. Que ingleses y franceses hagan su elección, aunque poco queda por decidir, creen poder escapar de la guerra, pero movilizan sus barcos, movilizan sus cuerpos.

Años de tratados, de alianzas servirán para vengar las ofensas sufridas por nuestro pueblo, acabaremos con esa sarta de eslavos, acabaremos con la impuesta sumisión a lo que ellos llaman su nación, que prueben el acero austríaco pero sobre todo:

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