miércoles, 6 de noviembre de 2013

Algunas leyendas.. medievales

 

Durante la edad media, la credulidad y la falta de sentido crítico eran el mejor alimento para que el error, las fábulas, las leyendas y la superstición crecieran y se multiplicaran. Relatos de viajes marítimos certificaban la existencia de islas míticas, razas monstruosas y animales maravillosos, la tradición cristiana intentó localizar en los mapas los parajes bíblicos que aparecían en la Biblia, muchos mapas no basados en la observación condujeron a búsquedas imposibles y conjeturas contradictorias. 
   Un ejemplo de esa Europa medieval, crédula y religiosa, fue la leyenda del Preste Juan, durante siglos se creyó en un poderoso y rico rey-sacerdote que moraba en las Indias que había vencido al islam.                              Sabemos que a los peregrinos antiguos se les representa con una concha en la esclavina, o con varias. pero no a todos los peregrinos, sino a los que se dirigen a Santiago de Compostela, a los peregrinos jacobeos, sabemos también que esta concha de peregrino es de vieira, una concha que se produce en las costas de Galicia en mucha cantidad. Pero ¿cuál es el origen del uso de esta concha por los peregrinos de Santiago?. El apóstol Santiago vino a España a predicar la fe, esto es cierto, luego fue a Jerusalén  y allí sufrió martirio, cuenta una leyenda que una noche, mientras estaban los pescadores en el mar, les sorprendió una tormenta. Y, de pronto, vieron una barca milagrosa que parecía de piedra. Con la aparición de esta barca se clamó el mar. La barca se había detenido encallada en un arrecife que nadie había visto antes. Se acercaron y vieron que la barca contenía el cuerpo del apóstol y que el arrecife estaba formado por vieiras, como una indicación del sitio donde el apóstol quería que descansaran sus restos mortales. Y aquéllas fueron las primeras vieiras que los peregrinos que trasladaron los restos del apóstol se sujetaron a las esclavinas.


Finis Terrae : Al oeste de Compostela está el altar de los celtas donde los peregrinos queman la ropa y la serpiente azul amenaza con su lengua de espuma rugiente. Aquí no es el Fin de la Tierra sino el principio del mundo. Desplegados, como velas sobre el acantilado, un poco de puntillas, los peregrinos atisban la antorcha reluciente de la Estatua de la Libertad, jugando al escondite en el cobertizo sin fin de la curvatura terrestre. Es fácil descubrirla por encima de la espalda del mar, sin el velo permanente del terror latino, Finis Terrae. Aquí era la muerte del mundo y de las maravillas del mundo.

Canarias como límite del Oceanus meridional para griegos y romanos. Las Islas permanecieron al margen de glaciaciones y paleofauna. Es preferible describir los trabajos y excavaciones sistemáticas actuales como arqueología histórica en vez de prehistórica. Al iniciarse la Historia entre las altas culturas mesopotámicas y egipcias, las grandes familias etnolingüísticas fueron constituyendo los troncos culturales del Mundo Mediterráneo. Las islas Canarias aparecen como referente terminal, algo así como el finis terrae del Atlántico, o mejor del Oceanus meridional, hacia el Vesper; son las islas de Poniente (no otra cosa significa Hespérides, donde se pone el Sol). Este carácter de extra muros del Mediterráneo sirve de contrapeso a la injustificada, y aún por demostrar, carga africana continental que se ha pretendido ver en el registro arqueológico de las poblaciones indígenas del archipiélago. Cuando lo cierto es que las islas son una creación griega y después romana, y que tanto las primeras referencias míticas, y después en las expediciones náuticas que traspasan el Estrecho (a partir de Hannón y con total seguridad con Juba II) son parte de esa historiografía occidental y un leit motiv reiterativo que encadenan la antigüedad con la edad media hasta suredescubrimiento en la baja edad media.

También creían en la existencia de razas monstruosas, como las guerreras amazonas, antropófagos, pigmeos, hombres cíclopes, descabezados, cinocéfalos,con cabeza de perro, hipópodos, con pezuña de caballo, hombres con labios enormes que les servían de sombrilla. Con estos relatos, cualquier viajero o navegante con imaginación trataba de relacionar lo que veía con aquello que había leído o le habían contado. 
Colón, en su famosa carta de 1493 anunciando el descubrimiento, proclamaba a la cristiandad que en su viaje no había encontrado monstruos y los indios no tenían nada de seres extraños.

"En estas islas hasta aquí no he hallado hombres mostrudos, como muchos pensaban, mas antes es toda gente de muy lindo acatamiento, ni son negros como en Guinea, salvo con sus cabellos correndíos, y no se crían adonde hay ímpeto demasiado de los rayos solares"

Según Nieremberg está escrito en una obra de Pietro Martir d'Anghiera o Anglería (1457-1526) que los vascos decían haber oído en plena mar una música agradabilísima que atribuían a los hombres marinos. Tambien cuenta Nierember que el explorador Gil González Dávila afirmó haber encontrado a cien leguas de Panamá ciertos misteriosos peces que cantaban tan armoniosa y suavemente que producían sueño.

Si creemos a Plinio y a Heródoto, hay en algunos lugares especies de hombres que muy poco parecido tienen con la nuestra. Hay formas mestizas y ambiguas entre la naturaleza humana y la animal. Hay regiones en las que los hombres nacen sin cabeza, con los ojos y la boca en el pecho; en las que todos son andróginos; en las que andan a cuatro patas, en las que no tienen más que un ojo en la frente y la cabeza más parecida a un perro que a la nuestra; en las que son peces de la mitad para abajo y viven en el agua; en las que las mujeres paren a los cinco años y no viven más que ocho; en las que tienen la cabeza y la piel de la frente tan dura que no puede penetrar el hierro, pues rebota en ellas; en las que los hombres no tienen barba; hay naciones que no usan ni conocen el fuego; otras que producen esperma de color negro. ¿Y qué me decís de aquellos que por naturaleza se transforman en lobos, en yeguas y luego otra vez en hombres? Y si es verdad, como dice Plutarco, que en algún lugar de las Indias hay hombres sin boca que se alimentan del aroma de ciertos olores, ¿cuántas descripciones nuestras serán falsas?

Es muy curioso repasar las láminas que en la Cosmografía (1550) de Sebastián Münster se dedican a representar posibles razas humanas, interpretando relatos de viajeros y exploradores excepcionales, que se atrevían a adentrarse por las exóticas tierras de Lejano Oriente, y que si duda llevaban la cabeza cargada de prejuicios y fantasías medievales. Sólo así se explica que aquellos hombres creyesen a pie juntillas en aquellas deformaciones monstruosas del arquetipo humano: los cíclopes, gigantes con un solo ojo; los cinocéfalos, hombres con cabeza de perro; los unípodos, hombres con un solo pie gigantesco; los hipópodos, con pezuñas de caballo, etc. Junto a los monstruos humanos, hay que señalar también numerosos animales fantásticos que en aquellos parajes situaban los viajeros: los grifos, que eran en su mitad superior como águilas y en la inferior como leones; hormigas gigantescas, el basilisco, que mataba con la mirada; la famosa ave fénix, que renacía de sus propias cenizas; dragones cuyo hálito de fuego podía producir la muerte instantánea; sirenas, etc.

Ante el Océano o Mar Tenebroso, nombres que en la época recibía el océano Atlántico, con sus miedos y fantasías, la imaginación empezó a alimentar el género de islas perdidas, San Brandán, Antilla o Antilia, Siete Ciudades que para los navegantes tan pronto aparecían como desaparecían. Estaban dentro de la tradición de islas paradisíacas, de infinitas delicias que mezclaban reminiscencias de las islas de los Bienaventurados con las fantasías orientales de Las mil y una noches. Igualmente, respondían a los sueños cristianos del Paraíso Terrenal. Su fuerte arraigo las hizo aparecer en la cartografía durante siglos.

...se veían ciertas tinieblas impenetrables que se levantaban desde el mar hasta tocar con el cielo, sin notarse en ellas disminución, añadiendo que estas espesas sombras estaban defendidas de un ruido espantoso, cuya causa era oculta, y que no las consideraban sino como un abismo sin fondo o como la misma boca del infierno... relato de portugueses sobre San Borondón.

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