viernes, 16 de noviembre de 2012

algunas leyendas..



La leyenda de San Galgano

Todos conocemos la leyenda del Rey Arturo y La Espada en la Piedra, y generalmente la situamos en el medievo, en la zona de Inglaterra, pero como veremos ahora, quizás el verdadero origen de esta leyenda o mito se encuentre un tanto lejos de las tierras inglesas, en plena Toscana italiana.
La historia de San Galgano es extraña, nacido en Chiusdino en 1148 (cuenta la leyenda que por gracia del arcángel San Miguel), siendo sus padres Guido y Dionisia.
Galgano Guidotti tuvo una vida despreocupada (algunas fuentes dicen que hasta un tanto libertina) hasta más de los veinte años, cuando se le aparece dos veces en sueños el arcángel San Miguel.
De esta manera inicia la conversión del joven Galgano que empieza a predicar por Siena y sus alrededores hasta su retiro a la cabaña que se convertirá en su ermita en el Monte Siepi.
Al día siguiente, Galgano anunció que se iba a hacer ermitaño y se fue a vivir a una cueva. Sus amigos y parientes lo ridiculizaban, y Dionisia, su madre, le pidió que vistiera nuevamente las ricas ropas de noble y que fuera a despedirse de su prometida. Galgano, emprendió el camino para cumplir el deseo de su madre, pero su caballo se encabritó, lanzándolo por tierra, al tiempo que oía una voz celestial instándolo nuevamente a dejar su regalada vida, posteriormente tiene un encuentro con el Papa Alejandro III que lo bendice y lo anima a construir una abadía cerca de la ermita.
Regresa a la ermita y, entre la desesperación de su madre y de su prometida Polissena y el sarcasmo de los demás caballeros, realiza su único milagro conocido: clava profundamente su espada en la piedra (en 1180) formando una cruz con la empuñadura.
Muere a los 33 años el 3 de diciembre de 1181, el año del nacimiento de San Francisco.
Según la leyenda, en su entierro estuvieron presentes los obispos de Volterra (Ildebrando Pannocchieschi), de Massa Marittima y de Siena y los abades cistercienses de Fossanova.
Después de su muerte, se erigió allí una capilla que todavía subsiste. Cuarenta años después, los cistercienses construyeron, al pie del monte Siepi, una abadía que llevaba el nombre de Galgano y que fue muy próspera en su época. Como consecuencia, San Galgano se hizo tan popular que cistercienses y agustinos lo reivindicaron, cada uno por su lado, como uno de los suyos.
Fue canonizado en 1185.

Por culpa o mérito de la estupidez humana, en la actualidad la espada en la piedra está protegida por una vitrina antivándalos y a prueba de estúpidos.
Un hombre rompió la espada en 1992 por intentar extraerla.
La empuñadura fue soldada de nuevo a la hoja y se protegió con una vitrina de plexiglass
 Existen cientos de mitos y leyendas relacionados con extrañas luminarias nocturnas. Pequeñas luces, destellos y llamas que aparentemente no responden a las leyes de la física conocida por el momento. De entre todas ellas, quizás las más antiguas sean los fuegos fatuos, unas fugaces luminiscencias que aparecen en cementerios y zonas pantanosas relacionadas con la inflamación espontánea de ciertas materias, pero que en algunos casos, parecen retroceder ante la presencia de observadores.
La espontaneidad y la corta duración de estas luminiscencias las convierten en algo prácticamente imposible de captar en imágenes, lo que aumenta su halo misterioso y enigmático que, desde los primeros reportes hace ya muchísimo tiempo, no ha hecho más que aumentar ante la falta de una respuesta científica a este fenómeno.
Las teorías son muchas y variadas y van desde la inflamación espontánea de sustancias animales o vegetales en descomposición, fósforo y gases como el metano, organismos bioluminiscentes, o simplemente el brillo de las sales de calcio presente en las osamentas.
Ciertamente, ninguna de estas teorías explica el porqué las azuladas llamas parecen tener cierto patrón de movimiento, mantener su forma y tamaño durante varios minutos e incluso desplazarse contra el viento. Para los gases se necesitaría una fuente de ignición, los organismos bioluminiscentes difícilmente podrían adoptar la forma y características de una llama, el fósforo no suele tomar los tonos azulados asociados a los fuegos fatuos y las osamentas, por norma general, tampoco forman llamas y suelen estar enterradas…
Otras teorías relacionan el fenómeno con la electricidad y su aparición espontánea cuando se dan ciertas condiciones climatológicas y geológicas. Según reza la wiki: los profesores Derr y Persinger, y por Paul Deveraux. Derr y Persinger propusieron la teoría de que las luces terrestres pueden ser generadas por la tensión tectónica, que calentaría las rocas vaporizando el agua que contienen. Las rocas piezoeléctricas como el cuarzo producen así electricidad, que es conducida por esta columna de agua vaporizada hasta que alcanza la superficie, apareciendo como luces terrestres. Esta teoría implicaría que la mayoría de las luces terrestres se dan en lugares con tensión tectónica. De ser correcta, explicaría por qué tales luces suelen comportarse de forma errática e incluso a veces aparentemente inteligente, desafiando a menudo las leyes de la gravedad.
Por último queda la explicación más antigua, la que viene dada por mitos y leyendas del folclore europeo que relacionan directamente los fuegos fatuos con motivos menos terrenales y científicos. Según algunas leyendas, estas extrañas luces son fruto de espíritus malignos que intentan desviar a los viajeros de su camino. En otras se dice que son los espíritus de niños sin bautizar o nacidos muertos que danzan con su luz entre el cielo y el infierno. Otros mitos, más románticos, las relacionan con hadas del bosque o personajes y criaturas un tanto oscuros.


Mucho y variado es lo que se puede leer sobre los fuegos fatuos, pero lo único cierto es que a día de hoy se continúa sabiendo lo mismo que hace siglos; absolutamente nada. Sea como fuere, si alguna vez os encontráis alguno ante vosotros, no os recomiendo acercaros a encender con ellos un cigarrillo. Los que caminan solos

Queremos pensar que entre los casi siete mil millones de personas que habitan el planeta nosotros somos entes únicos, independientes y diferenciados del resto, tanto a nivel físico como espiritual. ¿Pero hasta qué punto esto es cierto? ¿Existen personas en otros lugares del planeta que son exactamente iguales a nosotros?
Hace ya bastantes años de esto, era para mí una época de pocas preocupaciones. Estudios y fiestas constantes con los amigos. Solíamos frecuentar una discoteca casi todos los fines de semana, se podría decir que aquel oscuro garito era como nuestro segundo hogar, donde dábamos rienda suelta a nuestras artes humorísticas entre cervezas, tabaco y algún que otro flirteo con las chicas de siempre. Pese a que ya han pasado casi 20 años de aquello, lo recuerdo como si fuera ayer.

Era tarde, bastante tarde. El local ya se había medio vaciado y tan solo quedábamos allí los que por costumbre solíamos ver amanecer antes de llegar a casa. La discoteca tenía varias barras, mi preferida era la que estaba más cerca de los servicios, no por nada, pero así solía aprovechar los viajes para descarga y carga. Todo estaba bastante oscuro, a excepción de la línea que formaba la barra que estaba iluminada desde arriba con una larga fila de pequeños focos de luz amarillenta. Decidí tomarme la última cerveza y me alejé del grupo de amigos en dirección a mi querido abrevadero, me puse en una esquina de la barra, no había nadie a excepción del camarero que tras servirme la cerveza se puso a ordenar un poco aquello, supongo que con ganas ya de acabar la jornada. Di un trago y me encendí un cigarro con la intención de fumármelo allí con tranquilidad, antes de volver con los colegas. En ese momento, justo al otro lado de la barra que debía de tener como unos ocho o nueve metros, alguien apoyó sus codos y con un gesto le pidió también una cerveza al camarero que se la sirvió con desdén y continuó a lo suyo.

Fue un breve momento en el que ambos alzamos la cabeza y cruzamos nuestras miradas. Al otro lado de la barra había una persona que era exactamente igual a mí. Durante unos segundos ambos nos miramos fijamente, supongo que aquel tipo pensaría exactamente lo mismo que yo. Era como tener un espejo enfrente, una sensación bastante extraña recorrió mi cuerpo, es difícil de explicar lo que uno siente en una situación como ésta. Recuerdo que se me pasó por la cabeza el acercarme a aquel personaje y observarlo más de cerca, quizás ver si su voz era como la mía, si se llamaba igual… pero por algún motivo decidí coger mi cerveza y marcharme de allí. Mientras me alejaba y me mezclaba con un grupo que bailaba en el centro del local me giré y vi como aquel “yo” seguía en la barra y continuaba mirándome impertérrito.
Durante un tiempo había gente que me comentaba que me había visto en algún lugar cuando yo sabía que no era posible porque ese día o en ese momento estaba en otro sitio. Poco a poco eso dejó de suceder hasta convertirse en un simple recuerdo que no se me olvidará jamás.

Esto que os acabo de contar es una experiencia propia y real que simplemente comparto con vosotros para tratar este tema de los Doppelgänger, “el que camina solo”.

La palabra Doppelgänger tiene su origen el folclore nórdico y germánico y su significado vendría a definir a una especie de doble de una persona viva. La cosa tiene su miga porque las leyendas y la literatura lo asocian a un ente fantasmagórico que aparece con dudosas intenciones, aunque también hace referencias a “gemelos malvados” e incluso al fenómeno de la bilocación.
Sea como fuere, que uno se encuentre con su Doppelgänger no suele ser una buena noticia ya que los más optimistas lo relacionan con mala suerte o problemas en general, y los más pesimistas, con una muerte inminente. En la literatura, posiblemente ya exagerando un poco el tema, se les apuntan atributos más propios de los vampiros como no reflejarse en los espejos y no proyectar sombra.

Los Doppelgänger pueden ser bastante puñeteros, ya que según parece se pueden incluso aparecer a amigos y familiares, haciéndose pasar por nosotros, con la única intención de crear confusión y, por defecto, problemas.
El tema de los desdoblamientos, dobles o fantasmas clónicos, como lo queramos llamar, ha existido en prácticamente todas las culturas desde que se tiene memoria. Lo podemos poner en un plano espiritual, quizás como una metáfora de nuestro otro yo, de ese yo un tanto siniestro y misterioso.

En mi caso, ya que nunca he padecido los efectos secundarios del encuentro con mi doble, es posible que tan solo se tratara de una simple casualidad y de los azares genéticos que también hay que tener en cuenta. Quien sabe…

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