miércoles, 28 de noviembre de 2012

Tratado de Utrech..13 de Julio de 1713:



13 de Julio de 1713:
"El Rey Católico, por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno. Pero, para evitar cualquiera abusos y fraudes en la introducción de las mercaderías, quiere el Rey Católico, y supone que así se ha de entender, que la dicha propiedad se ceda a la Gran Bretaña sin jurisdicción alguna territorial y sin comunicación alguna abierta con el país circunvecino por parte de tierra. Y como la comunicación por mar con la costa de España no puede estar abierta y segura en todos los tiempos, y de aquí puede resultar que los soldados de la guarnición de Gibraltar y los vecinos de aquella ciudad se ven reducidos a grandes angustias, siendo la mente del Rey Católico sólo impedir, como queda dicho más arriba, la introducción fraudulenta de mercaderías por la vía de tierra, se ha acordado que en estos casos se pueda comprar a dinero de contado en tierra de España circunvencina la provisión y demás cosas necesarias para el uso de las tropas del presidio, de los vecinos y de las naves surtas en el puerto.

Pero si se aprehendieran algunas mercaderías introducidas por Gibraltar, ya para permuta de víveres o ya para otro fin, se adjudicarán al fisco y presentada queja de esta contravención del presente Tratado serán castigados severamente los culpados. Y su Majestad Británica, a instancia del Rey Católico consiente y conviene en que no se permita por motivo alguno que judíos ni moros habiten ni tengan domicilio en la dicha ciudad de Gibraltar, ni se dé entrada ni acogida a las naves de guerra moras en el puerto de aquella Ciudad, con lo que se puede cortar la comunicación de España a Ceuta, o ser infestadas las costas españolas por el corso de los moros. Y como hay tratados de amistad, libertad y frecuencia de comericio entre los ingleses y algunas regiones de la costa de Africa, ha de entederse siempre que no se puede negar la entrada en el puerto de Gibraltar a los moros y sus naves que sólo vienen a comerciar. Promete también Su Majestad la Reina de Gran Bretaña que a los habitadores de la dicha Ciudad de Gibraltar se les concederá el uso libre de la Religión Católica Romana. Si en algún tiempo a la Corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender, enajenar de cualquier modo la propiedad de la dicha Ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este Tratado que se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla.



"El irredentismo español frente al equilibrio de Utrecht:

Establecido Felipe V en el trono español, no podía aceptar la pérdida de los territorios mediterráneos, vinculados a la vida española desde hacía siglos, y aprovechó todas las ocasiones y coyunturas internacionales para conseguir el irredentismo de Cerdeña, Sicilia y Nápoles. Cuidadosamente preparada la empresa, aprovechando la lucha que el emperador sostenía con los turcos, una flota salida de Barcelona ocupó fácilmente Cerdeña en julio de 1717. Las potencias europeas presentaron sus quejas en Madrid, pero Alberoni no se arredró y el año siguiente una nueva escuadra repitió la operación, apoderándose de Sicilia. Alarmada Inglaterra, ajustó en Londres con Holanda, Francia, Saboya y el Imperio austriaco la Cuádruple Alianza (agosto de 1718), y una flota inglesa, sin previo aviso, atacó a los navíos españoles fondeados en la bahía de Passaro, destruyendo aquella magnífica es cuadra creada con el esfuerzo de Patiño. Mientras tanto) Francia invadía Guipúzcoa y Cataluña una flota inglesa bloqueaba los mares de Sicilia, y otra atacaba las fortalezas costeras de Santoña y Vigo. Sicilia se perdió y Felipe V fue obligado a pedir la paz y a destituir al ministro Alberoni (diciembre de 1719). La tenacidad de Isabel de Farnesio intentó un nuevo camino para conseguir sus propósitos. Valiéndose del holandés Ripperdó, entablé negociaciones directas con el emperador. Por los tratados de Viena de 1725, los antiguos contendientes en la sucesión española, Felipe V y Carlos VI, acordaban el matrimonio de los hijos de Isabel de Farnesio con dos archiduquesas austriacas, con la promesa de que el emperador mediada para que Inglaterra devolviera a España Gibraltar y Menorca y, en caso de negativa, entraría en la guerra. Los tratados alarmaron, en cuanto fueron conocidos, a Inglaterra, Holanda y Francia. En realidad, habían sido concertados en términos vagos y, al conocerse la reacción de las potencias, el emperador no se decidió a aplicarlos España, no obstante, se lanzó sobre Gibraltar, fortaleza que cercó en 1727 un ejército desde tierra. Ante la imposibilidad de rendirla, el Acta de El Pardo (1728) puso fin a la guerra La necesidad de buscar una situación internacional más estable confluyó en la adhesión de España a la Liga de Hannover (tratado de Sevilla 1729), por la que a cambio de ventajas comerciales concedidas a Inglaterra en América, se aceptaba la ocupación por los infantes españoles de los ducados italianos de Parma, Plasencia y Guastalla, una vez vencida la resistencia del emperador. El infante don Carlos tomó posesión de ellos en 1731, con la protección de una flota inglesa.

ruptura del equilibrio de Utrecht:
Integrada España en el bloque de Hannover, Patiño, para favorecer el irredentismo en Italia, buscó la alianza francesa. En noviembre de 1733 se firmaba entre España y Francia el Primer Pacto de Familia, aprovechando la guerra de sucesión de Polonia, en la que Austria estaba comprometida. Un ejército español, mandado por don Carlos, protegido desde el mar por la escuadra, penetró en Nápoles y venció a los austriacos en Bitonto, proclamándose al infante soberano de aquel reino (mayo de 1734). Desde allí se efectuó un desembarco en Sicilia, cuya conquista fue igualmente fácil, por la adhesión del pueblo (septiembre de 1734) y don Carlos fue igualmente proclamado rey en Palermo. El tratado de Viena (1735) puso fin a la cuestión polaca y Austria aceptaba a don Carlos como rey de Nápoles y Sicilia, pero con la condición de abandonar los ducados de Parma, Plasencia y Guastalla. La alianza hispano-francesa y, sobre todo, la represión del contrabando británico en América, fue ocasión de una breve guerra entre España e Inglaterra (1738-1740) llamada de la Oreja de Jenkins. Esta guerra empalmó con la conflagración europea, provocada por la sucesión a la corona de Austria a la muerte de Carlos VI (1740). Mientras Prusia se enfrentaba a Austria para apoderarse de Silesia, Inglaterra aprovechó la ocasión para asestar un golpe definitivo a la potencia colonial francesa. Francia se atrajo a España (Segundo Pacto de Familia, 1743). Las tropas franco-españolas lucharon en Italia con ventaja contra sardos y austriacos, pero en 1746 falleció Felipe V, sucediéndole su hijo Fernando VI. Isabel de Farnesio quedaba desplazada, y la diplomacia francesa, a espaldas de España, pactó primero con el rey de Saboya, y después con Inglaterra y Austria, concertando la paz en Aquisgrán (1748), que reconocía solamente al infante don Felipe los ducados de Parma y Plasencia. España, justamente enojada, tuvo, sin embargo, que aceptar la paz. Podría hablarse, con toda justeza, de una neutralidad armada pues España aprovecha el respiro de la paz para desarrollar a toda marcha su Marina, a fin de poderla enfrentar con la inglesa. Esta fue la obra callada y tenaz del marqués de la Ensenada.

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