domingo, 25 de noviembre de 2012

Urbano II..la 1ª cruzada



Pedro el Ermitaño convenció al papa Víctor III de la necesidad de intervenir directamente en los Santos Lugares en una época de mucha actividad guerrera para el Pontificado en conflictos cercanos. Tras Gregorio VII es elegido papa Urbano II, que mantiene largas y frecuentes conversaciones con el peregrino Pedro. Las relaciones del papa con Alejo Comneno son de mutua desconfianza por la escasa ayuda que se prestan ante el poderío musulmán. Con la conquista de los turcos selyúcidas de Siria y Palestina, especialmente de la ciudad de Jerusalén (1071) la acogida a los peregrinos a Tierra Santa había empeorado. Mientras estuvieron bajo el poder de la dinastía árabe de los fatimitas, con sede en Egipto, los Santos Lugares eran visitados regularmente por misiones de peregrinos occidentales, que se incrementaron a partir de 1033, año del milenario de la pasión de Cristo. En Jerusalén se mantenían abiertos dos hostales de los italianos de Amalfi y los selyúcidas recibían el mismo tributo que los fatimitas de los peregrinos. El emperador de Bizancio, abrumado en su lucha contra los serbios, el mantenimiento de la frontera danubiana contra los bárbaros del norte y el poder creciente de los selyúcidas en Palestina, había pedido ayuda al papa.

La Primera Cruzada (1096-1099):
El 27 de noviembre de 1095, último día del concilio de Clermont, Alvernia, Urbano II proclama la Primera Cruzada. La medida para resolver el problema de la seguridad de Tierra Santa tenía un dudoso sentido cristiano. Con la cruzada el papado tiene a sus órdenes la fuerza de los ejércitos al mismo tiempo que los libera del poder de los príncipes laicos. La última parte de la ceremonia en que son armados los caballeros insta a la defensa de la causa de San Pedro. Urbano II recuerda la desgracia de los cristianos de Oriente y conjura a los cristianos de Occidente a cesar en sus luchas fratricidas, a unirse para combatir a los paganos y a liberar a los hermanos de Oriente. Se cuenta que los caballeros que oyeron la exhortación papal cortaron unos paños rojos en forma de cruz y se los colgaron en el pecho como signo de que querían participar en la expedición que proponía Urbano II. Esta idea de socorro cristiano se había llevado a la práctica unos años antes (1064) cuando un pequeño y espontáneo grupo de expedicionarios del sur de Francia conquistó la ciudad de Barbastro (Huesca) en una campaña de ayuda a cristianos españoles.

"Quienes lucharon antes en guerras privadas entre fieles, que combatan ahora contra los infieles y alcancen la victoria en una guerra que ya debía haber comenzado; que quienes hasta ayer fueron bandidos se hagan soldados; que los que antes combatieron a sus hermanos luchen contra los bárbaros" Urbano II. Concilio de Clermont-Ferrand
"Comprometeos ya desde ahora; que los guerreros solucionen ya sus asuntos y reúnan todo lo que haga falta para hacer frente a sus gastos; cuando acabe el invierno y llegue la primavera, que se pongan en movimiento, alegremente, para tomar el camino bajo la guía del Señor". "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mateo 16,24). (Citado por Urbano II)

El entusiasmo dio lugar a una improvisada cruzada popular que fue masacrada. Más salvaje fue el exterminio de musulmanes y judíos tras la toma de Jerusalén por los cristianos. Cuando los francos con Hugo de Vermandois a la cabeza, llegan a Roma, encuentran a Urbano II luchando encarnizadamente contra el antipapa Guiberto. Hugo recibe el estandarte papal para representarlo civilmente en la cruzada. Alejo Comneno estaba perdiendo su imperio, rodeado de lujo y riqueza. Es descrito por los cronistas occidentales como un príncipe pérfido y cruel. Mandó a apresar a Hugo de Vermandois y al vizconde de Melún como garantía que limitase las fechorías de los occidentales.
 Godofredo de Bouillón reaccionó arrasando las tierras por las que pasaba hasta que Alejo desplegó toda clase de regalos sobre los visitantes para mejorar las tensas relaciones. Con la entrada a la ciudad cercada de Nicea los cristianos obtienen su primera victoria. El sultán Kilij Arslan estaba ausente reclutando el ejército que volvería a ser derrotado tras su ataque a los cristianos en el valle del Gorgoni (1 julio 1097). El ambicioso Balduino se hace con el poder de la ciudad de Edesa, capital de Mesopotamia. Hasta entonces estaba regida por el príncipe griego Thoros, legado de Alejo, tributario de sarracenos y asediado por tribus turcas. Edesa permaneció largo tiempo como importante baluarte cristiano. Antioquía contaba con potentes defensas (12 km de murallas y 360 fuertes torres) y estaba gobernada por emir turcomano Yaghi-Siyan. Cayó el 2 de junio de 1098 tras la vergonzosa huída del emir y la traición de Faruz, defensor armenio de una torre. Mientras los cristianos se reponían en Antioquía el visir fatimita de Egipto, Al-Afdal aprovechó la derrota del emir de Mosul Kerbogá para intentar dominar Palestina. Los fatimitas se hicieron con Jerusalén tras un asedio contra los turcos que duró mes y medio. Durante un afortunado ataque cristiano una torre móvil de construcción genovesa permitió un decisivo acceso al interior de las murallas.
La primera cruzada fue la única que triunfó de las ocho que hubo a lo largo de dos siglos. El agraciado despropósito logístico duró tres años, empleados en la toma de Nicea, Antioquía y Jerusalén, logros a los que ayudó la división interna del enemigo musulmán. El gran desconocimiento geográfico del peregrino (cruzado es neologismo) hizo que se embarcara ingenuamente en un viaje de proporciones que excedían a su imaginación.

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