lunes, 5 de diciembre de 2011

El Santisima Trinidad..







Fondea en el puerto de Málaga una réplica del navío español Santísima Trinidad. El original fue construido en La Habana y botado en 1769.

El Santísima Trinidad fue buque insignia de la armada española y se distinguió en las guerras contra Inglaterra. Fue proyectado según las normas de Jorge Juan y diseñado por el irlandés Mateo Mullan, el cual falleció repentinamente sin ver su obra terminada, siendo su hijo Ignacio el encargado de hacerlo. Pedro de Acosta sería el responsable de la dirección de las obras, pero también fallecería de forma prematura. Quizá a estas circunstancias se deban los muchos problemas que el barco siempre arrastró.

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Originalmente tenía tres puentes y llegó a tener más de 140 cañones.


Intervino en las batallas de San Vicente y Espartel, en la campaña del Canal de la Mancha y en el asedio de Gibraltar, además de en numerosas acciones bélicas siempre contra barcos de la armada británica. En Trafalgar el Santísima Trinidad fue duramente castigado por la artillería enemiga y finalmente capturado. Los ingleses trataron de remolcarlo hasta Gibraltar pero el navío se encontraba en tan mal estado que una tormenta lo mandó a pique a la altura de punta Camarinal. Se cree que murieron más de 200 tripulantes, la mayoría heridos que no pudieron ser rescatados.

En cuanto a la réplica que hoy puede visitarse en Málaga, se comenzó en octubre de 2003 y su construcción duró unos tres años.

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El puerto de Málaga está tranquilo. Los curiosos que se acercan nos miran desde abajo, nadie va a arriar velas, no hay preocupació por la aparición de la Armada Inglesa, sino por dónde se va a comer en un día plácido. Qué distinto al 14 de febrero de 1797, cuando el original del que ha sido clonado este barco combatió en San Vicente con el inglés. Quedó tan maltrecho que sólo su nombre lo salvó del desguace. Fue en las reformas posteriores a este lance cuando se corrió el alcázar al castillo y se subió la batería alta, montando más cañones: ahí adquirió la apariencia de tener cuatro puentes en vez de los tres que realmente tenía. En 1803 lo encontramos ya en activo, con 136 cañones disponibles, más otros cuatro que recibió poco antes a la batalla de Trafalgar. Ningún otro buque contó con tal artillería.



21 de octubre de 1805. Batalla de Trafalgar. El Santísima Trinidad acude a la refriega al mando de Uriarte y Borja y con la insignia del contralmirante Hidalgo de Cisneros. Ya sabéis: buenos buques, buen almirantazgo, Gravina entrando al trapo del gabacho Villeneuve, un inconsciente más, y Nelson pasándose por la piedra a la escuadra combinada francoespañola.


El Santísima Trinidad, perdido ya pero encabronado, se mide a siete navíos ingleses a la vez. Desde el inglés África se manda a un oficial para que los españoles acepten la rendición, pero estos devuelven educadamente al oficial a su barco, en un bote. Y se siguen dando estopa durante una hora. Ya no queda nadie apenas que siga disparando o que achique agua, y el barco se rinde. 

Hasta tres días están los británicos, desde el Ajax y el Revenge, tirando muertos por la borda, en medio del temporal que barrió el Golfo de Cádiz después de la batalla. El 24 se rompen las amarras y el Santísima Trinidad se hunde. Cuentan que se escuchó el último grito de los que quedaban abajo agonizantes.

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Y allí sigue, olvidado, como un misterio o una vergüenza, mientras los ingleses exhiben el Victory con orgullo. Y aquí estamos, a bordo de la réplica del Santísima Trinidad, hecho restaurante, mientras unos tipos con riñonera, esto es una categoría se hacen fotos en un sillón que hay colocado en la exposición, sin importarles nada, sin ningún respeto por el mobiliario, como si estuviesen en un Disneylandia de esos con montaña rusa. Dan ganas de soltar amarras y lanzarse a Londres, a buscarle las cosquillas a su Graciosa Majestad. Pero tirando antes a los de la riñonera en alta mar.

Costo de fábrica: 40.000 ducados españoles.




El Infante don Pelayo acude al rescate del Santisima Trinidad en la Batalla del Cabo de San Vicente del 14 de febrero de 1797

Bandera del navío Príncipe de Asturias, insignia del teniente general de la Real Armada don Federico Gravina y Napoli, durante el combate de Trafalgar, el 21 de octubre de 1805.


Retrato de Baltasar Hidalgo de Cisneros de la Torre (1758-1829), teniente general de la Real Armada.


Baltasar Hidalgo de Cisneros ingresó en la Armada en 1770. Navegó mucho por aguas de la Península y América desde 1772 a 1778, asistiendo en diferentes buques al socorro de Melilla, expedición contra Argel y la primera campaña del Canal de la Mancha en la escuadra de Luis de Córdova. 


En 1780, al mando de la balandra Flecha apresó los corsarios británicos Rodney y Nimbre, y en 1781, al mando de la fragata Santa Bárbara, capturó otros cuatro de la misma nacionalidad. Comandante del jabeque Mallorquín, asistió a la expedición contra Argel (1783). 


Tomó parte muy activa en la guerra contra Francia entre 1790 y 1795 al mando de diversos navíos y divisiones. Como comandante del navío San Pablo contribuyó a evitar el apresamiento del Santísima Trinidad en el combate de San Vicente (1797). Entre 1798 y 1802, que ascendió a jefe de escuadra, mandó el Santa Ana y varias divisiones con las que hizo campaña en el Mediterráneo y golfo de Cádiz. 


En 1805, siendo general del arsenal de Cartagena, a sus instancias obtuvo embarco en el Neptuno, en Ferrol, y se trasladó a Cádiz, donde trasbordó su insignia al Santísima Trinidad, participando en el combate de Trafalgar (21 de octubre de 1805), del que resultó herido y prisionero al irse a pique su navío. Ascendido a teniente general el 7 de noviembre del mismo año, se trasladó a Cartagena. Al iniciarse la guerra de la Independencia, Cisneros se hizo cargo de dicho departamento, de donde pasó a Montevideo en 1809, nombrado virrey de Buenos Aires. Hizo frente a los independentistas del Río de la Plata, pero, arrestado, fue conducido de nuevo a Europa al año siguiente. 



Regresado a Cádiz, fue sucesivamente vocal de la Regencia (1812), capitán general del Departamento de Cádiz (1813), ministro de Marina (1818) y, después de varias vicisitudes, fue nombrado en 1823 capitán general del Departamento de Cartagena, donde falleció el 9 de junio de 1829.

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