jueves, 1 de diciembre de 2011

losTercios..Gonzalo fernandez de Cordoba..el Gran Capitan

                                Finalizada la Reconquista, en los inicios del siglo XVI, la Infantería española, mandada por Don Gonzalo Fernández de Córdoba (1453-1515), el “Gran Capitán”, demostrará su valía venciendo a los ejércitos franceses en las batallas de Ceriñola y Garellano (1503) y extendiendo el poder de España por todo el Mediterráneo.

Los primeros Infantes iban armados, según su especialidad, con Alabarda, Arcabuz o Ballesta, y todos ellos portaban espada y daga, agrupándose en unidades llamadas Compañías, cada una de ellas mandada por un Capitán, auxiliado por un Alférez y un Sargento. Fueron muchos los Capitanes que entonces destacaron al mando de sus Compañías: Pedro Navarro, Balmaseda, Villalba, Zamudio, García de Paredes, Antonio de Leyva, Sancho Dávila y otros, cuyos nombres se cubrirán de gloria en la batalla de Pavía (1525), en la conquista de Túnez (1535) entre otras muchas acciones...En 1534 la Infantería se organizó en Tercios, siendo los tres primeros (conocidos como «Tercios Viejos») los de Lombardía, Nápoles y Sicilia; al mando de cada uno de ellos se encontraba un Maestre de Campo. Una vez creados los Tercios, poseedores de una fe casi religiosa en su propia valía que les llevaba siempre a la victoria, bajo su furia cayeron derrotados el Elector de Sajonia en Mühlberg (1547) y Enrique II de Francia en San Quintín (1557). Salvaron Viena y Malta de los turcos, derrotándolos irremisiblemente en Lepanto (1571). En Nordlingen (1634) acabaron con el legendario Ejército sueco. Entraron al asalto por la brecha de Budapest. Lucharon en el norte de África y desde 1567, en larga y gloriosa contienda contra los insurrectos de Flandes, reflejada en unos versos popularizados entonces:
     España mi natura,



Italia mi ventura,



¡Flandes mi sepultura!...  ¡Fueron tantos los Capitanes que se distinguieron al mando de los Tercios!: Don Fernando Álvarez de Toledo, Duque de Alba (Campañas de Italia y Flandes), Don Juan de Austria (Campañas de Granada, norte de África y Flandes y vencedor de la Cristiandad en Lepanto), Don Alejandro Farnesio, Gran Duque de Parma (Campañas de Flandes y Francia)...
)...

  Al lado de la Infantería que se bate contra Europa, no hay que olvidar a aquella otra que lo hace por todo el Imperio, en Hispanoamérica, en Asia, en las Filipinas, las Carolinas y las Marianas, en las plazas africanas, y que con su sufrimiento y dureza mantiene estos inmensos territorios en la Unidad Católica y bajo el poder de la Corona de las Españas.   Con la venida de los Borbones, el deslumbramiento promovido por los logros de la entonces eficaz administración del absolutismo francés, engendra el afán de ordenar las instituciones hispanas sobre el modelo de las de Francia. Felipe V, ignorante de nuestras tradiciones y sólo conocedor de las fórmulas políticas y jurídicas de Europa, en su anhelo de unificar una España, que para su mentalidad de absolutista francés no estaba todavía (!) bastante unida, soñó con transformarla en un jardín político al gusto de Versalles o de La Granja.

* Por eso rechazó la propuesta que en 1701 le hiciera el Marqués de Villena de restaurar las libertades castellanas, y aun extenderlas a los Virreinatos americanos.
* Por eso pisoteó los Fueros vascongados con continuos atropellos y suprimió las instituciones forales de Aragón y Cataluña y de Valencia, usando de la mentira artera de afirmar que las “castellanizaba”: cuando de veras lo que obraba era introducir en aquellos pueblos el absolutismo de su abuelo Luis XIV.
 Y por eso suprimió los Tercios en su “reforma” de 1704, sustituyéndolos por Regimientos al mando de Coroneles, según los modelos europeos francés, prusiano y austriaco.

 
El Carlismo como continuidad de Las Españas


Con palabras breves: los carlistas son lo que son por el mero hecho de permanecer los únicos leales al sentido histórico pleno de nuestra Patria. Y el Carlismo es lo que es, por ser –más que una cuestión dinástica, más incluso que una ideología de gobierno– un espíritu y una actitud ante la vida: la Comunión de fidelidades con los muertos que hicieron las Españas. «La verdad de nuestra Tradición es la grandeza de nuestra Causa, la que prolongó en una suerte de Christianitas minor, pero de frontera y por tanto de combate, la Christianitas maior de los siglos medios, y que, con la Monarquía universal de mis abuelos Habsburgos, resistió los errores de la modernidad en su irrupción religiosa, como más adelante, con el legitimismo de mis abuelos Borbones carlistas, hizo frente a esos mismos errores en su expansión política».
    






* Que el más alto precepto de la Milicia es la obediencia».

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