martes, 1 de enero de 2013

hace 500 años


Con su desembarco en 1513 arrancó una heroica presencia hispana de más de 300 años en lo que ahora es Estados Unidos
El Domingo de Resurrección de 1513, tres navíos se presentaban frente a una exótica tierra donde nunca hasta entonces había puesto sus pies europeo alguno. O al menos ninguno que hubiera dejado constancia cierta de su visita. Habían partido unas semanas antes desde la recién colonizada Puerto Rico en busca de una misteriosa tierra de Bímini, situada al norte de Cuba, de la que se esperaba obtener gloria y riquezas.

La expedición estaba encabezada por un aguerrido aventurero nacido en 1460 en el pequeño pueblo de Santervás de Campos, hoy provincia de Valladolid. Su nombre, Juan Ponce de León. Entonces no podía saberlo, pero acababa de descubrir el territorio donde siglos más tarde se fundaría una nación que llegaría a ser la más poderosa sobre la faz de la Tierra: los Estados Unidos de América. Gracias a él, Norteamérica entraba así, hace casi 500 años, en la historia de Occidente. Se había adelantado en nada menos que 107 años a los peregrinos puritanos que llegarían en 1620 a Massachusetts a bordo del «Mayflower».

Los españoles estuvieron más de 300 años en Norteamérica, más que el tiempo que lleva EE.UU. como país independienteComo Cuba, La Española o el mismo Puerto Rico, Ponce de León creyó que aquello no era más que otra gran isla, y no parte de un inmenso continente, como es en realidad. Y, puesto que su llegada se produjo en plena Semana Santa, la bautizó como la Tierra de la Pascua Florida, aunque solo esta última palabra ha permanecido hasta ahora como nombre de lo que hoy es uno de los 50 estados de EE.UU. Con la llegada de su expedición, se abría una rica historia de más de 300 años de presencia continuada de los españoles en Norteamérica, un periodo de tiempo todavía hoy muy superior a los 236 años transcurridos desde la declaración de independencia de Estados Unidos.

La biografía de Juan Ponce de León está plagada de claroscuros. En ella se mezclan el arrojo y el heroísmo con la tiranía, la crueldad y la codicia, todo además trufado de mitos y leyendas que han desvirtuado su figura a través del tiempo. Tras un tiempo como paje en la Corte aragonesa, curtió su fiero espíritu guerrero combatiendo a los moros en la guerra de la conquista de Granada, un entrenamiento que le serviría en América para imponer el poder de su acero.
Primer gobernador de Puerto Rico
Ponce de León

Se cree que su primer contacto con las tierras situadas al otro lado del Atlántico pudo tener lugar en la isla de Gran Turco (ahora conocida como Turcos y Caicos) como integrante de la segunda expedición de Cristóbal Colón en 1493, pero de lo que no hay duda es de su activa participación a partir de 1502 en la conquista de La Española, la isla que hoy comparten Haití y la República Dominicana y que entonces trataba de dominar el gobernador Nicolás de Ovando. Su primer cargo en tierras americanas fue precisamente como responsable de la provincia de Higüey, al este de La Española. Desde allí empezó a plantearse nuevas aventuras.

El ambicioso Ponce de León puso sus ojos en la cercana isla de Borinquén, que no era otra que la actual Puerto Rico. Pese a su enconada disputa con Diego Colón, el hijo del descubridor que reclamaba su privilegio para continuar la labor de su padre, el de Santervás obtuvo permiso real para conquistar Puerto Rico y en 1508 fundó su primer asentamiento, Caparra, que hoy conocemos como San Juan. De esta manera, si algún día Puerto Rico se acaba incorporando como estado de pleno de derecho a EE.UU., habría que adelantar otros cinco años la llegada de los españoles al territorio de este país.

Ponce de León sofocó la revuelta de los nativos de Puerto Rico sin miramientos e impuso severos castigosPonce de León colonizó con rapidez la isla, para lo que contó con la inestimable colaboración del cacique Agüeybana, líder de los nativos taínos. Pero no estaba allí para hacer amigos. Tenía muy claro para lo que había llegado a Puerto Rico y se lanzó con avidez a una implacable explotación de sus riquezas naturales, sometiendo a los indios al duro trabajo en las minas de oro.

No es de extrañar que a la muerte de Agüeybana los taínos se levantaran contra sus explotadores y se desatara una brutal contienda. Pero Ponce de León tenía las de ganar y, tras sofocar la revuelta sin contemplaciones, impuso severos castigos a los insurgentes. A comienzos del siglo XVI, la época del «Flower Power» quedaba todavía muy lejos.

Pero no eran esos todos sus problemas en Puerto Rico. Tan preocupante o más para él era que desde España se le hizo rendir cuentas por la compañía con la que había explotado la isla y se le obligó a devolver parte de lo que había ganado. Para colmo, Diego Colón logró que la Corte le reconociera sus derechos, lo que supuso que Ponce cesara en el ejercicio como gobernador.
En busca de la tierra de Bímini

Para el enérgico conquistador, sin embargo, estos reveses eran la oportunidad para emprender nuevas hazañas. Había llegado a sus oídos la existencia de una incógnita tierra llamada Bímini, situada al norte de Cuba, y no tardó en convencer a Fernando II para lanzarse a explorarla. En marzo de 1513 partió de Puerto Rico al frente de dos carabelas y un bergantín con rumbo al noroeste. Para completar aquella travesía que cambiaría para siempre la historia de Norteamérica, contaba con la valiosa experiencia del avezado pilotoAntón de Alaminos, uno de los más grandes marinos españoles de la época.

Llegada de los españoles a la Península que sería llamada de La Florida.Tras semanas de navegación rodeando las Bahamas, la expedición avistó un desconocido territorio el día 27, Domingo de Resurrección. El 2 o el 3 de abril -los historiadores no son unánimes- Ponce desembarcó en un punto de la costa este de la península de Florida que no está todavía claro. Entre los más probables están Melbourne -cerca de Cabo Cañaveral, desde donde hoy día despegan otro tipo de naves, las que se lanzan a la exploración del espacio- y Ponte Vedra -al lado de donde en 1565 el asturiano Pedro Menéndez de Avilés fundaría la primera ciudad de Norteamérica, San Agustín, todavía hoy una encantadora población costera-.
La Corriente del Golfo fue el otro gran descubrimiento del primer viaje a FloridaTras permanecer seis días en la zona, los expedicionarios levaron anclas y pusieron proa al sur, siguiendo la costa de la península que ellos aún creían una isla. Al llegar a la zona meridional de Florida, hicieron el otro gran hallazgo de su histórico viaje. Comprobaron cómo una potente corriente era capaz de empujar a los barcos hacia atrás, incluso aunque llevaran el viento de popa. Acababan de descubrir la Corriente del Golfo, que se convertiría en una especie de autopista marítima que emplearían los barcos españoles cargados de tesoros en sus viajes hacia Europa.

El nuevo territorio era una incógnita para los europeos, pero eso no significaba que estuviera deshabitada. Se calcula que 350.000 nativos poblaban Florida por la época en que desembarcó Ponce. Y los primeros encuentros no fueron precisamente amistosos. No se sabe si la hostilidad de los indios, que atacaron a los inesperados visitantes con palos y flechas nada más llegar, se debió a simple miedo a los extraños, a su tradición guerrera o, como también apunta el historiador Michael Gannon en «La nueva historia de Florida», a que antes de que llegara Ponce de León otros españoles ya se habían pasado por allí antes en incursiones a la caza de esclavos, lo que lógicamente habría predispuesto a los aborígenes en contra del hombre blanco. Hay otra razón de peso para pensar que aquellos indios ya habían tenido encuestros con los españoles: durante su recorrido por la nueva tierra, encontraron uno que chapurreaba el castellano.

En este primer viaje a Florida, Ponce de León navegó a lo largo de los cayos de Florida, hasta el último de todos, Cayo Hueso (en inglés, Key West), para después seguir rodeando la península, ahora en dirección norte, por su costa oeste. En todo momento creía todavía que se encontraba ante una gran isla. Según relata Gannon, a la altura del islote Sanibel se produjo otro episodio violento, que en este caso se saldó con un español y al menos cuatro nativos muertos, por lo que Ponce bautizó el lugar con el macabro nombre de Matanzas. Pocos días después, decidió emprender el regreso a casa. Dos de los barcos llegaron a mediados de octubre a Puerto Rico, aunque el tercero, con Antón de Alaminos a bordo, se entretuvo aún varios meses más tratando de dar con la esquiva tierra de Bímini.
El falso mito de la fuente de la juventud

Está claro que la pretensión de Ponce de León con su expedición era encontrar nuevas riquezas y, sin embargo, durante siglos el descubrimiento de Florida se ha atribuido a una falsa leyenda. Una y otra vez se ha dicho que lo que buscaba era una mítica fuente de la eterna juventud que «tornaba mozos a los viejos». Los historiadores se afanan ahora en combatir esta falacia histórica, que se construyó bastantes años después de que Ponce arribara a aquella tierra, pero el cuento funciona tan bien y ya ha quedado tan instalado en la memoria colectiva que va a resultar muy difícil desmontarlo.

Pintura que recrea la supuesta Fuente de la Eterna juventudA pesar de las posibilidades que ofrecían los vastos territorios recién descubiertos, los españoles tardarían aún décadas en lograr formar asentamientos estables en ellos, donde la hostilidad de los nativos, un clima de sofocante calor, humedad y frecuentes tormentas y huracanes y un terreno pantanoso lleno de aligátores y mosquitos lo ponían fracamente difícil. El mismo Ponce de León, que tras su viaje tuvo que hacer frente a la muerte de su esposa, tardó ocho años en regresar a Florida, y eso que en 1514 había obtenido en España el título de«adelantado» de aquella tierra, lo que significaba que la explotaría con sus propios medios en nombre de la Corona.
Ponce murió tras infectarse la herida de un flechazo en el muslo que recibió en su segundo viaje a FloridaFinalmente se decidió a partir de nuevo en 1521. En una carta dirigida en febrero de ese año al Rey, entonces ya Carlos I, explicaba su intención de establecer una población permanente y hacer que allí fuera «alabado el nombre de Jesucristo». Antes de acabar el mes partió de Puerto Rico con dos barcos en los que viajaban 200 hombres y mujeres para colonizar Florida y varios religiosos para evangelizarla, además de animales y útiles para labrar la tierra. Pero Ponce no podría disfrutar mucho de este segundo viaje, que también iba a ser el último. Durante un nuevo choque con los indios, una flecha fue a clavarse en su muslo y, tras ordenar la retirada de la expedición a Cuba, la infección de la herida acabó con su azarosa vida en el mes de julio. Tenía 61 años.

Tras su muerte, fueron varias las expediciones de otros valerosos exploradores españoles que se aventuraron por el suroeste de lo que hoy son los Estados Unidos, poniendo la semilla de la civilización occidental en el continente norteamericano. Lucas Vázquez de Ayllón, Pánfilo de Narváez, Tristán de Luna, Hernando de Soto y Francisco Vázquez de Coronado son algunos de los nombres que se unieron al de Ponce de León en las décadas siguientes antes de que, por fin, en 1565 Menéndez de Avilés fundara San Agustín.
Cinco siglos después



La vieja bandera española, con la cruz de Borgoña, aún se recuerda en FloridaAún hoy sigue ondeando la vieja bandera española con la cruz de Borgoña en lo alto del viejo castillo de San Marcos de esa ciudad, la primera de Estados Unidos, recuerdo de un pasado español que forma parte de la esencia de ese gran país. El descubrimiento de Florida en 1513 fue el inicio de una etapa de más de tres siglos en la que los españoles extendieron de forma heroica su dominio por Norteamérica desde la costa del Atlántico hasta la mismísima Alaska, un vastísimo territorio que incluía los actuales estados de California, Texas, Nuevo México, Arizona o Luisiana, por citar solo unos pocos.
La bandera española sigue ondeando sobre el viejo castillo de San Marcos, en San AgustínLa huella española permanece en todos esos lugares, no solo en la toponimia, sino en forma de una herencia cultural que no ha podido ser borrada. Sin embargo, la historia no ha hecho plena justicia a aquel puñado de españoles que engrandecieron la gloria de su patria, a menudo olvidados tanto en Estados Unidos, como consecuencia de un relato moldeado por la cultura anglosajona, como en España, siempre ingrata con sus héroes.

2013 se presenta como una oportunidad para saldar esa vieja deuda. En Florida se prepara una larga lista de eventos para conmemorar el quinto centenario de la llegada de Ponce de León a sus costas, pero falta por ver que el resto de Estados Unidos y la propia España estén a la altura.
Se cumplen 500 años de dos grandes gestas españolas, a menudo olvidadas: los descubrimientos de Florida y del Pacífico
España no es muy dada a reconocer a sus héroes, pero en 2013 tiene buenos motivos para hacerlo. El año que hoy comienza se cumpliráncinco siglos de dos grandes gestas que marcaron el rumbo de la historia y cuyos protagonistas fueron dos españoles: Juan Ponce de León y Vasco Núñez de Balboa.
El primero de ellos desembarcó en la primavera de 1513 en una exótica tierra que, por ser descubierta el Domingo de Resurrección, fue bautizada como Tierra de la Pascua Florida. Con su hallazgo puso al continente norteamericano en el mapa y dio los primeros pasos de la presencia europea en el territorio que con el tiempo se convertiría en los Estados Unidos.

Con Ponce de León comenzó un periodo ininterrumpido de más de 300 años de presencia española en América del Norte, desde Florida hasta Alaska, un periodo que tanto a uno como a otro lado del Atlántico ha sido a menudo orillado en los libros de historia.

Pocos meses después de aquel descubrimiento histórico y algo más al sur, otro español, Vasco Núñez de Balboa, alcanzaba con la vista lo que en su momento denominó «el Mar del Sur». En realidad, lo que divisó desde el istmo de Panamá el 25 de septiembre de 1513 era bastante más extenso que en un simple mar. De hecho, era el oceáno más grande de la Tierra. Núñez de Balboa acababa de descubrir el Pacífico.

En el caso del quinto centenario de la llegada de Ponce de León a las costas de Norteamérica, en Florida se van a organizar una larga serie de eventos conmemorativos a lo largo de este año. En este estado, las autoridades son conscientes de que la historia de Estados Unidos no se comprendería sin sus orígenes españoles. En la primera ciudad de Norteamérica, San Agustín, fundada por el asturiano Pedro Menéndez en 1565, aún ondea la antigua bandera con la cruz de Borgoña de los españoles.
Nochevieja española en Miami

Para abrir boca, en la Nochevieja en Miami el quinto centenario del descubrimiento de Ponce de León tenía un importante protagonismo. El programa de actos en el frente marítimo de la ciudad incluía un espectáculo de flamenco y una transmisión en vivo con España para disfrutar del año nuevo y celebrar los cinco siglos de lazos a ambos lados del Atlántico, según la Fundación España-Florida 500, creada para conmemorar el V centenario.

El grueso de la conmemoración, no obstante, se espera que se centre a comienzos de abril, coincidiendo con la fecha en que se cumplirán 500 años exactos desde que Ponce de León pisara tierras floridanas. No obstante, lo más esperado en Florida es que el Rey acepte la invitación para estar presente en las conmemoraciones.

Entre tanto, en Panamá se han programado exposiciones, festivales de teatro, música y danza, congresos y eventos deportivos, entre otros, para recordar la gesta de Núñez de Balboa. Una de las acciones estrella es la restauración de su pila donde fue bautizado en la iglesia de San Bartolomé de Jerez de los Caballeros (Badajoz) y la construcción de una réplica que se quedará Panamá, cuyo gobierno costea este proyecto.

Hasta el momento, no se han concretado acciones conmemorativas por parte del Gobierno central para una ni otra efeméride.

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